Día del Abogado
Seguimos fortaleciendo nuestroEstado de derecho, el ejercicio plenode nuestras libertades y la consolidación de nuestras instituciones, sin escatimar esfuerzos y sin concesionesen la defensa del legado históricodel que somos depositarios.
El 12 de julio nos reunimos con los abogados del Gobierno de la Ciudad de México, de los tres poderes y los colegios, barras y asociaciones para celebrar y reiterar nuestras convicciones republicanas.
Desde hace 59 años, la institución del Día del Abogado congrega a la comunidad jurídica del país en un acto de evocación, afirmación y reconocimiento a la dignidad profesional de nuestro gremio.
Vocación y compromiso que adquiere certidumbre en el claustro universitario y en los centros de investigación; que se inspira en nuestros insignes juristas, se enriquece en el ejercicio profesional y se confirma, cotidianamente, en el servicio a México.
Así, por formación y por convicción, los abogados reunidos en esta ceremonia refrendamos nuestro compromiso profesional con la sociedad y reafirmamos nuestra fe en el derecho y en las instituciones de la República.
Nuestro accionar se arraiga en la fuerza de la tradición jurídica mexicana, condensada en la Constitución General de la República, en la que se reconoce el sustento doctrinario de la Soberanía Popular y la legitimidad de sus mandatos, el ejercicio de las libertades individuales y de las garantías sociales, el valor de nuestras instituciones democráticas y representativas, la pertinencia de nuestro sistema federal y la convicción de que sólo perdura y prospera lo que se construye sobre el cimiento de la justicia.
Abogar, expresa el diccionario de la lengua, significa actuar a favor de una causa. Si hemos de apegarnos a esta definición, nuestra vocación nos une y cohesiona a un fin supremo que se sobrepone a cualquier razón particular o de grupo, y éste es, sin duda, el del interés de la nación.
Nuestro país cumplió un año de excepcional madurez política y democrática que permitió el arribo a Palacio Nacional del presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien le expresamos nuestro más amplio reconocimiento por dar cauce a un proceso de transformación ordenado, estable y con certidumbre. Seguimos fortaleciendo nuestro Estado de derecho, el ejercicio pleno de nuestras libertades y la consolidación de nuestras instituciones, sin escatimar esfuerzos y sin concesiones en la defensa del legado histórico del que somos depositarios.
Los abogados liberales apoyamos al presidente López Obrador… ¡Sin regateos y sin cortapisas!... Por impulsar un cambio de paradigmas en las actividades y comportamientos de los servidores públicos. Por empeñarse de manera decidida a acabar con el mal endémico de la corrupción que tanto nos daña, indigna y agobia.
Por acabar con fueros y privilegios de unos cuantos, en detrimento del erario nacional y de la justicia que no aplicaba para todos, pues existía una “casta dorada de yupies” que se creía “divina e intocable”.
Ha impulsado programas sociales para paliar la pobreza de los mexicanos y así evitar que dejen sus comunidades y sus lugares de origen, generando estímulos directos sin que medie la burocracia para evitar que los jóvenes sean cooptados por la cadena delictiva de los grupos del crimen organizado y, de esta manera, pacificar al país para reducir la escalada de violencia que azota a diversas regiones de nuestra patria.
El Presidente de la República ha mencionado con insistencia y de manera reiterada el principio del presidente Juárez: “AL MARGEN DE LA LEY NADA, Y POR ENCIMA DE LA LEY NADIE”; así es como acabó con el dispendio que existía en los altos mandos de las oficinas públicas. Aviones, helicópteros, autos y camionetas blindadas se han subastado para utilizar estos recursos económicos de manera coherente y razonable. Asesores, secretarios y excesos de contrataciones de personal de confianza para favorecer y darles “chamba” a los amigos, a las novias o a los parientes de estos. AMLO está en la línea correcta.
¿O no, estimado lector?
