Agua
El agua es un elemento fundamental para la vida; forma la lluvia, los ríos, los mares. Es parte de todo ser vivo, lleva billones de años autorrenovándose en sus distintos estados: líquido, sólido y gaseoso, haciendo habitable el globo terráqueo. El agua constituye dos terceras partes del cuerpo humano, la usamos para todo en nuestras vidas, además de beberla, le damos usos industriales, agrícolas, domésticos e incluso está presente en los objetos que usamos cotidianamente: la fabricación de un automóvil utiliza 246,052 litros en el proceso; unos jeans de mezclilla 10,850 litros, un tarro de cerveza 75 litros y una copa de brandy 200 litros, según un estudio de la UNAM y la de Barcelona.
“Gracias a don Olegario Vázquez Raña
que rescató a Excélsior del naufragio hace once años”.
El derecho humano al agua y al saneamiento es el derecho de todas las personas a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal y doméstico, según la ONU.
Nuestra vida es totalmente dependiente del agua, se calcula que cada ser humano necesita alrededor de 250 litros diarios para satisfacer sus necesidades de consumo, saneamiento, higiene, preparación de alimentos y cuidados sanitarios. Si perdemos 15% de agua corporal morimos. Alrededor de un tercio de la población mundial carece de los saneamientos del líquido, por lo que bebe, cocina y lava con agua contaminada.
Mil 200 millones de personas no tienen acceso al agua potable y más de dos mil 400 millones carecen de sistemas de saneamiento adecuados. Persiste una distribución inequitativa en el mundo, pues 20% de la población mundial tiene a su disposición 80% de los recursos naturales del planeta.
Las grandes civilizaciones se fundaron al lado de los grandes ríos y lagos, como los aztecas cuando fundaron Tenochtitlán, y todas han crecido por sus sistemas de distribución. Las ciudades modernas no existirían sin los sistemas de suministro y purificación actuales. Una ciudad requiere mucha energía eléctrica, las plantas hidroeléctricas suministran 20% de la electricidad mundial y funcionan con la fuerza del agua contenida en las presas. La industria es la segunda actividad humana que consume más agua, con tres problemas que siguen afectando el medio ambiente: los altos consumos, las descargas contaminantes en drenajes y al suelo, y las descargas directas a cuerpos de agua. Menos de 14% del agua tiene tratamiento antes de ser regresada al ambiente.
No sólo las empresas son las únicas responsables del desperdicio de agua, contribuyen las fugas en la red y los malos hábitos de consumo. Una persona utiliza en promedio 250 litros al día: 100 en la ducha, 50 en las descargas del baño, 30 litros en lavado de ropa, 27 en el lavado de loza, 18 en el jardín, para lavar y cocinar 15, y en el lavado de manos diez litros más.
En países con economías precarias, son las mujeres y niños quienes abastecen de agua a sus hogares, realizando largos y arduos trayectos para sólo recolectar unos cuantos litros. El agua es un derecho humano, todos debemos tener acceso a ella, no importa cuál sea nuestra raza, género o condición económica.
El cambio de hábitos personales es urgente, cerrar grifos y recolectar el agua de lluvia de casas mediante cisternas de captación de aguas pluviales, y las empresas deben desarrollarse con las comunidades, no a costa de ellas, renovando sus tecnologías e implantando sistemas de reciclaje y tratamiento de agua, además de mover sus desechos responsablemente.
En México, 77% del agua se utiliza en la agricultura, 14% en el abastecimiento público, 5% en las termoeléctricas y 4% en la industria, refiere el Inegi; además somos los principales consumidores de agua embotellada en el mundo, pues 81% de los mexicanos tiene esta práctica resultado de la desconfianza en los sistemas operadores, según el BID.
Diez enfermedades son causadas por tomar agua contaminada: giardiasis, amibiasis, hepatitis, gastroenteritis, disentería, filariasis, tifoidea, malaria, diarrea y cólera, y para evitarlas se tiene que cumplir con lo siguiente: cobertura para todos, cantidad suficiente, calidad para evitar su contaminacion, continuidad en el servicio, costo justo y una cultura de consumo y cuidado del agua.
Como sociedad nos corresponde hacer lo que nos toca. ¿O no, estimado lector?
