A lo largo de su historia, México ha demostrado una notable capacidad para superar crisis económicas, conflictos políticos, pérdida de territorio, desastres naturales, epidemias y revoluciones que propiciaron profundas transformaciones sociales. Sin embargo, el momento actual es particularmente complejo: el país enfrenta simultáneamente desafíos internos y externos que exigen visión de Estado, acuerdos políticos, diplomacia eficaz y una ciudadanía participativa. Al mismo tiempo, cuenta con fortalezas que pueden convertir esta coyuntura en una oportunidad para iniciar una nueva etapa de desarrollo.
El primer gran reto es el crecimiento económico. Aunque México conserva estabilidad macroeconómica y mantiene una de las economías más importantes de América Latina, el crecimiento sigue siendo insuficiente para responder a las necesidades de una población de más de 130 millones de habitantes. En la actualidad, el panorama enfrenta claroscuros. En el frente doméstico aún existe espacio para dinamizar el consumo privado y la inversión pública y privada. El sector empresarial ha recibido con optimismo el Plan México que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum, sobre todo los proyectos relacionados con el sector eléctrico. Sin embargo, la necesidad de una mayor certeza jurídica y comercial continúa siendo un freno para las decisiones.
La seguridad pública sigue siendo otro desafío. Aunque se acreditan avances significativos, la violencia vinculada al crimen organizado continúa afectando regiones, inversiones y confianza ciudadana. También son prioritarios la educación y la salud: mejorar la calidad educativa, fortalecer las ciencias, la tecnología y la innovación. Garantizar servicios de salud oportunos y de calidad representará una de las mayores demandas sociales de los próximos años.
Persisten, además, la desigualdad y los desequilibrios regionales, particularmente entre el norte y el sur. A ello se suma la polarización política, que dificulta los acuerdos necesarios para enfrentar los grandes problemas nacionales. En tiempos electorales locales —que propicia rupturas, incluso entre correligionarios—, y ante las próximas elecciones en Estados Unidos —donde la retórica de campaña nos alude—, México necesita más unidad, diálogo, acuerdos y serenidad diplomática, como se viene haciendo.
Junto a estos desafíos emergen oportunidades extraordinarias apuntaladas por la reconfiguración económica mundial, por nuestra posición geográfica, recursos naturales, demografía, patrimonio cultural y tratados comerciales. Pero todo esto es insuficiente porque las naciones no prosperan únicamente por la abundancia de recursos naturales ni por su ubicación en el mapa. Prosperan cuando logran construir instituciones confiables, generar confianza entre gobierno, empresarios y sociedad, y apostar decididamente por la educación, la innovación y el trabajo productivo.
México posee todas las condiciones para convertirse en una de las economías más dinámicas del siglo XXI. La pregunta ya no es si cuenta con el potencial para lograrlo; ese potencial es evidente. La verdadera incógnita es si los mexicanos seremos capaces de aprovechar esta ocasión para construir un país más seguro, más competitivo, más justo y con mayores oportunidades para las próximas generaciones.
CHIAPAS PONE SU GRANO DE ARENA PARA LOGRAR UN MEJOR MÉXICO
El gobernador Eduardo Ramírez recorre una y otra vez el territorio chiapaneco para resolver de cerca los viejos rezagos y atender las nuevas demandas de la ciudadanía y de los sectores productivos. Una de sus prioridades es llevar la acción del gobierno a pueblos que durante décadas han permanecido al margen del desarrollo: los municipios olvidados que registran algunos de los indicadores más bajos del estado en materia de desarrollo humano y social y donde más del 70 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza extrema.
La tarea es enorme: romper con el rezago histórico que se manifiesta en la falta de infraestructura, servicios básicos y opciones. Por ello, en estos municipios se han puesto en marcha, con carácter apremiante, obras para rehabilitar y construir caminos, escuelas y clínicas, así como para ampliar el acceso al agua potable, drenaje y otros servicios indispensables. Al mismo tiempo, se impulsa la producción local, el fortalecimiento del campo y la seguridad alimentaria, como pilares para generar bienestar.
No se trata únicamente de construir obras, sino de cerrar brechas, recuperar la dignidad de las comunidades respetando la diversidad cultural y abrir caminos de prosperidad donde durante mucho tiempo sólo hubo abandono. El esfuerzo del gobierno de Eduardo Ramírez por atender a quienes menos tienen es una contribución a la construcción de un México más justo, más equilibrado y con mayores oportunidades para todos.
Porque un México mejor no se construye desde el centro hacia la periferia, sino desde cada comunidad que deja atrás el rezago, desde cada familia que mejora sus condiciones de vida y desde cada región que encuentra nuevas ocasiones para salir adelante. En esa tarea, Chiapas está poniendo su grano de arena.
