El pasado 10 de septiembre inició formalmente el proceso electoral que tendrá su punto culminante el domingo 6 de junio de próximo año, cuando México vivirá una de las jornadas electorales más amplias de los últimos años.
A nivel federal se renovarán las 500 diputaciones de esa Cámara y, de manera concurrente se celebrarán elecciones locales en las 32 entidades. Estarán en juego 17 gubernaturas, diputaciones locales, ayuntamientos, alcaldías y otros cargos de elección popular. En total, el INE contabiliza 19,609 posiciones en disputa. Será, por su dimensión, una elección determinante para la configuración política de los próximos años.
Los partidos políticos nacionales ya comenzaron a mover sus piezas. El nombramiento de “coordinadores” es, en su caso, la fórmula utilizada para perfilar a quienes se convertirán en candidatos. Al mismo tiempo de responder impugnaciones, comienzan los exhortos a la serenidad y la llamada “operación cicatriz”: convencer a quienes no resulten favorecidos, mantenerlos dentro de las filas partidistas y evitar que emigren a otras fuerzas políticas —que ya se frotan las manos—, donde en los últimos años existen ejemplos de aspirantes que triunfaron con el cambio de siglas.
Pero donde la efervescencia es mayor es en los municipios. Miles de aspirantes se movilizan, hacen promesas, buscan apoyos y procuran construir una reputación en cuestión de semanas, incluso cuando algunos todavía no saben con certeza por qué partido competirán. De puerta en puerta, con volantes en mano, pintando bardas, columnas de opinión y, sobre todo, a través de las redes sociales, puede observarse el despliegue de quienes quieren aparecer en las boletas.
Las elecciones intermedias suelen despertar menor interés que las de término de sexenio. La ausencia de la candidatura presidencial reduce la capacidad de movilización de los partidos y de los propios electores. Pero la elección de 2027 tiene una característica que la hace diferente por su magnitud y por el número de gubernaturas, congresos locales y ayuntamientos que estarán en disputa, puede convertirse en un verdadero corte de caja de la política mexicana.
El sistema de partidos acude a esta cita en plena transformación e incógnitas.
Morena ocupa hoy el centro de gravedad de la política nacional, mientras las fuerzas de oposición buscan redefinir su identidad, sus alianzas y su espacio frente a los electores y al partido gobernante. El viejo sistema de partidos que conoció Giovanni Sartori en sus varios viajes a México, ya no existe: el PRI dejó atrás la hegemonía que mantuvo durante buena parte el siglo XX; el PAN ya no constituye por sí solo una alternativa nacional; el PRD se convirtió en varios partidos locales; Movimiento Ciudadano intenta colocarse como una opción distinta y el recién creado Somos, integrado en buena medida por participantes de la llamada Marea Rosa, ciudadanos sin partido y antiguos militantes del PRD, enfrentará su primera elección.
México llega a las elecciones de 2027 con una economía relativamente estable, con un crecimiento moderado, con avances sociales importantes que conviven con problemas persistentes de seguridad, desigualdad y servicios públicos y con una sociedad más informada, plural y conectada que en otros momentos.
El desafío para los partidos no será solamente ganar candidaturas o conservar posiciones o mayorías legislativas. Será convencer a una ciudadanía que dispone de mayores datos, compara gobiernos, observa experiencias en otro estados y países y recibe además información de los medios y de las redes sociales, alguna fehaciente y verdadera y mucha deformada conforme a intereses particulares o de grupo.
En las próximas semanas se definirán quienes aparecerán en las boletas, que alianzas serán posibles, qué liderazgos lograrán imponerse y qué propuestas conseguirán conectar con los ciudadanos. Pero, sobre todo, se pondrá a prueba la capacidad de los partidos y sus abanderados para entender un México distinto al de hace apenas unos años.
EN CHIAPAS SE CONSOLIDA EL PRINCIPIO DE PARIDAD DE GÉNERO EN POSTULACIONES
El gobernador Eduardo Ramírez envió en días pasados al Congreso del Estado una iniciativa de decreto para reformar la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales en materia de paridad, que fue aprobada por unanimidad. Con esta reforma, las candidaturas a los ayuntamientos postuladas por partidos políticos, coaliciones o candidaturas independientes deberán registrarse en planillas que garanticen paridad. Se acabaron las Juanitas.
Con esta medida el gobernador Eduardo Ramírez fortalece el acceso equitativo de las mujeres a las presidencias municipales y a los cargos de decisión en los 124 municipios del estado rumbo al proceso electoral de 2027. Más que una reforma electoral, es un paso para que la paridad deje de ser una aspiración y se convierta en una realidad en el ejercicio del poder local.
