El mundo inicia este nuevo año con la expectativa de un mayor bienestar y paz, pero también inmerso en un clima de incertidumbre y desconcierto. Valores que durante décadas parecieron inamovibles —como la justicia, la democracia y el progreso—, hoy se ven cuestionados por el avance de la desigualdad en numerosas naciones, la polarización política, las crisis económicas, los conflictos armados y la irrupción acelerada de nuevos fenómenos culturales. Son, sin duda, tiempos con más interrogantes que certezas.
En este contexto —sin pretender anticipar el futuro, pero con la sensación de que las cosas están cambiando—, la compleja agenda que enfrenta México en 2026 será determinante para definir el estilo personal de la presidenta Claudia Sheinbaum. Destacan retos como la reforma electoral, en la que Morena corre el riesgo de perder aliados; la disputa interna por las candidaturas rumbo a las elecciones del próximo año, que pondrá a prueba la cohesión del movimiento; y la revisión del T-MEC, en la que deberá resolverse si mantiene su carácter trilateral.
Quizá el tema que domina la conversación pública es el de la inseguridad. En este rubro se percibe un viraje en la estrategia, que apuesta más por la eficacia operativa que por el discurso ideológico, con mayor inteligencia, coordinación interinstitucional y resultados. Según cifras oficiales, en los primeros 15 meses del gobierno de Sheinbaum, los homicidios se han reducido en 40% y México ha salido del grupo de los 20 países con mayores niveles de violencia.
Otro cambio significativo se observa en la política energética. La Presidenta ha mostrado una postura más abierta e incluyente al crear espacios para la participación del sector privado, como el anuncio realizado hace un mes de un primer paquete de 15 proyectos solares y eólicos, con inversiones superiores a los cinco mil millones de dólares orientados a atender la creciente demanda eléctrica del país. Se prevé, próximamente, una nueva convocatoria.
Sin embargo, como ocurre en otros sectores, la revisión del T-MEC genera incertidumbre. Legisladores estadunidenses han manifestado inconformidad con algunos aspectos de la nueva legislación mexicana, particularmente con el papel dominante y preferencial otorgado a la Comisión Federal de Electricidad (CFE). En paralelo, la mandataria ha adelantado que presentará un esquema innovador para impulsar la inversión en obra pública mediante capital mixto, con énfasis en la CFE y en Petróleos Mexicanos, así como en carreteras y otros proyectos.
Una diferencia notable respecto al pasado reciente es el sello de la Presidenta para enfrentar los conflictos y dialogar sin preocuparse por “resguardar la investidura”. Así se le ha visto acudir directamente a escenarios de alta crispación del humor social, como ocurrió recientemente ante los afectados por el accidente del Tren Interoceánico en Oaxaca. Lo mismo sucedió en Veracruz, tras el periodo de lluvias torrenciales; en Guanajuato, con beneficiarios de los programas del Bienestar; con trabajadores de la salud en el Estado de México, y con maestras y maestros en distintas regiones del país.
En el ámbito de la política exterior se concentran algunos de los mayores desafíos. Sheinbaum ha optado por una estrategia basada en la diplomacia, la cooperación, el pragmatismo y la prudencia frente a los desplantes del grandulón del barrio. La agenda bilateral con Estados Unidos es compleja, como siempre, y a ello se suma la relación de México con Cuba, particularmente por el apoyo petrolero a la isla. Con este país, las relaciones han sido históricamente estrechas; el expresidente López Portillo hablaba de una “hermandad de sangre” y llegó a decir —en tono sentimental— algo como: “Lo que hay con Cuba, hay con México”, durante un discurso pronunciado en La Habana en 1980. Hoy, la consigna parece ser cabeza fría.
La confrontación —con Dinamarca por Groenlandia, Rusia, Irán, Siria, Yemen, Colombia, Nicaragua, Venezuela, Cuba o México— puede resultar políticamente rentable o riesgosa para Trump en la medida en que busca recuperar electores rumbo a las elecciones legislativas de medio término —midterms— en noviembre. En ellas estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 de los 100 del Senado, además de 36 gubernaturas y numerosos congresos locales. Mientras tanto, el asedio continuará, al menos en el terreno de la retórica épica.
SIN ASPAVIENTO, CHIAPAS AVANZA
A 13 meses del inicio del gobierno de Eduardo Ramírez, los resultados se reflejan de manera tangible. Hoy, el clima de paz y seguridad es una realidad, y se mantiene firme el compromiso de no bajar la guardia, mientras se redoblan esfuerzos para la rehabilitación de caminos y fluye la construcción de nuevas e importantes carreteras.
El programa de alfabetización Chiapas Puede se anota éxitos y los servicios de salud continúan ampliando su cobertura, llegando a comunidades remotas que históricamente habían permanecido en el casi abandono. Para este año, el sector agropecuario y pesquero recibirá mayores apoyos.
Apenas la semana pasada, el gobernador Eduardo Ramírez expuso el Plan de Desarrollo que se implementa en los municipios olvidados, subrayando que la prosperidad debe ser compartida. Asimismo, reiteró la importancia de trabajar en armonía con el entorno, de forma planificada, con visión de largo plazo y con resultados en beneficio de todas y todos los chiapanecos.
