Avanzar en círculo

En cuanto a democracia, parecemos avanzar en círculo. Las recientes elecciones en cuatro distintas entidades federativas, se distinguieron de principio a fin por un sinnúmero de irregularidades y recíprocas imputaciones entre los distintos implicados.  

Figuremos el departamento jurídico de un partido político, donde en abultado tambache yacen los expedientes de denuncias levantadas en contra de los otros partidos tramposos y en distinto legajo, colocado al lado, las querellas presentadas por los demás partidos en contra del propio. Un deplorable agravante es cuando la autoridad electoral queda incriminada en determinada flagrante irregularidad.

La pírrica victoria del PRI en el Estado de México, deja un agrio sabor a derrota. Basta mencionar que Eruviel Ávila obtuvo casi el doble de votos que Alfredo del Mazo y que el PRI por sí mismo, sin sus partidos aliados, recibió menos votos que Morena. El PRI apenas la libró.

La ya habitual reacción de Andrés Manuel López Obrador ha sido reclamar el conteo de voto por voto, casilla por casilla. Se inició la verificación del 17% de los paquetes electorales, ya que la diferencia de votación entre los primeros dos lugares, superior al 1%, legalmente no amerita abrir la totalidad de casillas. De entrada, AMLO sostiene que el conteo rápido del INE no coincide con la realidad, que se trata de un fraude electoral, de una farsa, de una vil simulación ante la cual no habrán de claudicar, de un descontón al estilo priista, le solicita a Enrique Peña sacar las manos de la elección del Edomex. “Con toda responsabilidad, ganó Delfina.” Asimismo, Morena presentó una queja ante el INE señalando que Alfredo del Mazo rebasó los topes de gastos de campaña. En este caso le asiste la razón a Morena, pero, el partido que no exceda sus gastos de campaña que arroje la primera piedra.

López Obrador atribuye la derrota en el Edomex a factores externos, cuando el germen de la misma está en él mismo: la arrogancia. ¿Procedía desacreditar y denostar públicamente al PRD, partido al que tanto le debe, ubicándolo bajo el influjo de la mafia del poder? Unidos, Morena y PRD, hubieran arrasado en la pasada elección. En pronta reacción, la dirigente del PRD, Alejandra Barrales, se pronunció porque Morena y el PRD vayan juntos en el 2018. “Basta de seguirse viendo como enemigos”.

Las fallidas elecciones en Coahuila nos remontan a tiempos que creímos superados. El candidato panista a gobernador, Guillermo Anaya, junto con 4 contendientes a la misma posición por otras instancias abandonaron el cómputo distrital solicitado ante el cúmulo de irregularidades adjudicadas al PRI

—presunto triunfador—, al gobierno coahuilense y a las autoridades electorales.

Apenas concluidas las elecciones del pasado domingo, la aspirante presidencial panista Margarita Zavala desenvainó su flamígera espada en contra de Ricardo Anaya, por su reprochable actuación como dirigente panista y para que con prontitud defina sus intenciones presidenciales: “He pedido a Ricardo Anaya no sea juez y parte en la contienda. Durante dos años la respuesta ha sido la misma, mentir, simular, hacer trampa, pactar con el gobierno y con nuestros adversarios.” Margarita culpó a Anaya de ser el responsable de la derrota de Josefina Vazquez Mota en el Edomex —¿acaso Anaya es ventrílocuo?— exigiendo que a más tardar en un mes sea definido el candidato presidencial panista, insinuando no acompañar al partido en 2018, de renunciar éste a sus principios. Creo que Margarita se precipitó en tiempo y forma, ¿tan malos resultados ha rendido Ricardo Anaya, las ocho gubernaturas no cuentan? ¿Cuáles estatutos del partido se han quebrantado? ¿Por qué no lavar los platos sucios en casa? Se repite la fallida postura panista previa a las elecciones de 2012.

La próxima elección presidencial se avizora como la madre de todas las elecciones, compitiendo un aventajado candidato opositor en campaña permanente, apoyado por un partido propio y factiblemente por la izquierda unida. El desafío, tanto para el PRI como para el PAN, al elegir a su candidato presidencial es enorme, la acumulada frustración ciudadana, luego de sucesivos gobiernos, la inclinan a optar por sugerentes propuestas que conllevan sueños guajiros, como el desterrar corrupción, inseguridad y violencia. Suena descabellado, pero ante el peculiar escenario electoral del 2018, podría explorarse la posibilidad de que el PRI-AN coincida en un candidato común. En cuanto a candidaturas independientes, al momento éstas se ven inviables, tanto por la dificultad del registro como porque a la fecha no ha surgido algún personaje de arrastre popular.

Nos ha costado mucho tener elecciones confiables, tengámoslas.

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