Mentirosa posverdad

Nuestro tiempo es el de la posverdad, “situaciones donde los hechos objetivos son menos decisivos en la formación de la opinión pública que las emociones o las opiniones personales”.  

Medios de comunicación y demás fuentes de información esparcen afirmaciones públicas disociadas de la realidad, dirigidas a núcleos de ciudadanos descontentos e influenciables, desconfiados de los medios convencionales que encuentran en las redes sociodigitales aquellas versiones en las que prefieren creer, afirmaciones que se sienten verdaderas, pero sin sustento. Proliferan versiones falsas que se infiltran en la sociedad, llevándola a tomar decisiones a partir de las mismas. La reiterada mentira en política se utiliza de manera intensa y con penetración, sin precedente, ante la complaciente pasividad mediática. La disputa se concentra en torno a las creencias, por encima de los hechos confirmados.

En las recientes elecciones en Estados Unidos, el 60% de norteamericanos utilizó la plataforma de Facebook para informarse (Pew Research Center), convertida en el mayor diario y la mayor televisora del planeta, con mil 800 millones de usuarios y ventas publicitarias por 27 mil millones de dólares anuales y sin más regulaciones y directrices editoriales que las autoimpuestas. Incluso The Wall Street Journal denunció a esta masiva red social por proporcionar noticias falsas con un evidente sesgo izquierdista. Mark Zuckerberg declaró luego de la elección de Trump que “la idea de que noticias falsas influyeron en las elecciones es una locura”. No obstante, Facebook junto con Google decidieron impedir el acceso publicitario a páginas web con noticias falsas.

La posverdad en nuestro país bien podría estar incrustada en nuestro ADN, las emociones y opiniones personales suelen prevalecer sobre hechos objetivos. Es práctica común falsear y exagerar situaciones, el objetivo del orador es congraciarse con la audiencia, la verdad es subestimada sin pudor y lo más curioso es que el de la voz sabe que desvirtúa los hechos, al igual que los escuchas también lo perciben. Se prefiere camuflar la realidad que afrontarla.

Las redundantes promesas incumplidas de gobernantes que no han sabido, querido o podido nutren el promisorio discurso de la crítica oposición ávida de atraer a los tantos desencantados ciudadanos, ofreciéndoles música para sus oídos, lanzando incumplibles promesas y falsedades, el propósito es ser respaldado, luego... luego ya veremos.

Qué más evidente muestra de posverdad que la propuesta de honestidad valiente a cargo del candidato presidencial de planta, Andrés Manuel López Obrador, puesto y dispuesto a desalojar a la mafia del poder.

En tanto el PRI retoma el modelo del ideólogo Jesús Reyes Heroles con respecto a que primero el proyecto y luego el candidato —por cierto, el destape del candidato José López Portillo se adelantó al proyecto—, y el PAN parece no haber asimilado la paliza de las pasadas elecciones federales, instando nuevamente a emparejar el piso en su propio instituto; el aventajado López Obrador permanece concentrado en su propósito presidencial, difundiendo su ilusorio pero atractivo y seductor Proyecto Alternativo de Nación 2018-2024.

Del dicho al hecho hay un trecho, pero mientras la posverdad emociona. AMLO promete esencialmente cero tolerancia a la corrupción e impunidad. Presupuesto con prioridad a los pobres. No crear más impuestos ni nueva deuda. Incremento sustancial al salario mínimo.  Subir al doble las pensiones para adultos mayores. Inversión magna para escuelas y oportunidad de empleos para jóvenes. Promoción de la inversión privada. Plebiscito a las reformas estructurales. Disminución de precios de gasolina, gas y luz. Erigir refinerías y fortalecer la industria eléctrica. Promover pequeñas y medianas industrias con créditos accesibles. Ésta es una perla: Vender la flotilla de aeronaves del gobierno federal y viajar, como Presidente de la República, en aviones comerciales.

Y si de posverdad se trata, ante los flamantes integrantes del Consejo Político Nacional del PRI, el presidente Enrique Peña Nieto sostuvo que quien quebrante la ley e incurra en corrupción no tiene cabida en el partido: “Aquí mismo, en mayo de 2012, expresé claramente que en el PRI no tenía cabida, ni la tiene, ni la corrupción ni el encubrimiento y mucho menos la impunidad”. Sin comentarios.

La hoy bautizada posverdad en todo momento ha formado parte en la toma de decisiones, las cuales suelen asumirse con información inexacta, por sentimientos y creencias o simplemente por latida. Es común que la falsedad llegue a manejarse como verdad que termina siendo compartida.

En cuanto a la verdad y la falsedad, recordemos que nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.  

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