Papelazo de Panamá
El vertiginoso avance tecnológico ha dejado desempleados a sigilosos y habilidosos espías que sometían cajas fuertes y hurgaban en archivos confidenciales. La sofisticación del ciberespionaje y el ciberterrorismo requiere únicamente de un clic para acceder al más arcano resguardo de datos y cifras a control remoto.
Inicialmente, la invasión tecnológica conducida por improvisados y curiosos hackers respondía a desafíos personales sin mayor pretensión que probar la habilidad propia. Es el caso de Stephen Wozniak, cofundador de Apple junto con Steve Jobs, quien anteriormente se dedicó a hackear sistemas telefónicos para hacer llamadas gratis, incluyendo al Papa en los años 70.
El hackeo travieso fue adquiriendo la malicia inherente al interminable abanico de posibilidades. Kevin Mitnick, en 1995, infiltró sistemas protegidos de empresas tales como Nokia, Motorola y Sun Microsystems, alteró fotografías de The New York Times, ingresó a sitios de la NASA y del Pentágono, colapsó los servidores de Yahoo, Amazon, eBay y CNN durante dos días consecutivos e infiltró datos de clientes de bancos como Western Union.
El caso más sonado de hackeo ocurrió en 2010, cuando el editor y portavoz del sitio web Wikileaks, Julián Assange, de nacionalidad australiana, hizo pública la mayor filtración de documentos secretos en la historia de Estados Unidos, más de 700 mil cables diplomáticos que pusieron en jaque a gobiernos de medio mundo. Assange permanece refugiado desde 2012 en la embajada de Ecuador en Londres, evitando ser deportado a Suecia, donde le fraguaron tres distintas demandas por asalto sexual, para luego seguramente ser remitido a EU, país que lo reclama por divulgar secretos de Estado. Bradley Manning, soldado y analista de inteligencia militar estadunidense, responsable de filtrar a Wikileaks miles de documentos clasificados de la guerra en Afganistán e Irak, fue condenado en 2013 a 35 años de prisión, siendo expulsado con deshonor del ejército.
Edward Snowden, exasesor de la CIA y de la NASA, confesó ser autor de la filtración publicada por el diario británico The Guardian, en 2013, revelando la existencia de dos programas secretos que le permitían a EU recopilar registros telefónicos y datos digitales de millones de usuarios. Snowden evadió a la justicia norteamericana aceptando ser asilado político en Rusia.
El diario alemán Süddeutsche Zeitung recibió anónimamente hace más de un año un cúmulo de e-mails, pdfs, fotografías y documentos bancarios relacionados al despacho de abogados en Panamá, Mossack Fonseca, especializado en crear compañías off-shore, con oficinas en más de 35 países, material que abarca desde 1977 hasta principios de 2016. Esta monumental información de 2.6 terabytes, mil 500 veces más que los 1.7 gigabytes de Wikileaks, la decidió compartir el mencionado Zeitung con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) que aglutina a 190 periodistas de más de un centenar de periódicos que en 35 distintos países aspiran a exhibir delitos internacionales, corrupción y abusos de poder. Se trata de la mayor filtración de información y pesquisa periodística de la historia, conocida ya como Panama Papers.
Dicha investigación arroja la existencia de 215 mil compañías off-shore con más de 14 mil clientes vinculados con Mossack Fonseca, incluyendo 143 políticos, familias y colaboradores cercanos, además de 12 gobernantes o exmandatarios que presuntamente utilizaron paraísos fiscales para proteger sus fortunas. Sería ocioso especular con nombres célebres mencionados alrededor de la presente trama, máxime que no existe investigación profunda que los comprometa, y que no es delito invertir en los llamados paraísos fiscales. En lo que respecta a nuestro país, el ánimo de señalar culpables sin pruebas fehacientes, nos hace irnos con la finta, en principio se es inocente y el mero hecho de aparecer en listados de compañías en paraísos fiscales no es incriminante. Podría tratarse de compañías inactivas o inversiones ajustadas a requisitos legales. Anticipo su respuesta, escéptico lector: Es que la mula no era arisca.
Apenas escuchamos la obertura de Panamá Papers, trama que augura intensidad y dramatismo en que, de entrada, ha rodado la cabeza del primer ministro de Islandia.
Luego de episodios como el de la FIFA, ya no podemos tragarnos el argumento de que en una redacción de periódico aparecieron así nomás los más incriminadores documentos jamás presentados. Señores: ya no son tiempos en que a nuestras puertas aparecía un abandonado recién nacido envuelto en una cobija. Ahora Wikileaks asegura que distintas agencias estadunidenses han organizado y financiado el Panamá Papers con el principal objetivo de desacreditar a Vladimir Putin, ¿todo este revuelo para desacreditar a un desacreditado?
En esta multiestelar representación conviene más estar entre el público que interpretar un panameño papel en escena.
