Falta de imaginación: Hoy No Circula
Quienes vivimos en el Área Metropolitana de la CDMX tuvimos una regresión en la memoria histórica. Veintisiete años después de la implementación del programa vehicular Hoy No Circula, una autoridad desconocida —por lo menos para el que escribe—, denominada Comisión Ambiental de la Metrópolis, así como un funcionario público nunca antes visto (Martín Gutiérrez Lacayo), saltaron al ruedo para anunciarnos la restricción generalizada para que todos los vehículos particulares y motocicletas dejen de circular un día a la semana y un sábado al mes.
Con cariño para Francisco Zea.
La causa del problema que ocasiona la medida, por supuesto, es pertinente y tiene un grado de razonabilidad por parte de las autoridades federales y locales que concertaron la decisión. Se centra en los niveles alarmantes de contaminantes que están en la atmósfera, mismos que en las últimas semanas han superado los 150 Imecas, lo cual ya alcanza la categoría de muy mala calidad del aire. Es decir, para poder llegar a una calidad del aire medianamente aceptable, se requiere reducir en 30% los niveles de contaminantes.
En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud ha advertido acerca de los graves riesgos que se corren por vivir en un ambiente tan tóxico de la calidad del aire y la relación directa que existe con el aumento en los niveles de mortalidad, particularmente en lo que se refiere al aumento de enfermedades respiratorias, cardiacas y de casos de cáncer.
Ahora bien, resulta pertinente preguntar si este déjà vu de la política pública ambiental es la solución correcta, así como también cuestionar por qué no se ha tomado otro tipo de medidas que también podrían ser sumamente efectivas y que se aplican en muchos otros países. En principio, queda claro que no es falta de imaginación, sino de voluntad política para combatir intereses enquistados entre los gobernantes locales y determinadas mafias que detentan interés que en esta metrópoli sencillamente no se tocan. Pongo dos casos:
El primero lo representa el transporte de carga y de distribución de mercancías. Conforme a las disposiciones de la CDMX, para los transportistas que prestan servicios de carga a nivel federal, resulta una cuestión voluntaria la verificación vehicular, y los horarios y rutas deben ser pactados con las autoridades capitalinas. El otro caso alarmante es el que tiene que ver con el transporte colectivo de pasajeros, que puede llegar a contar con la autorización del gobierno capitalino para operar todos los días. La excepción a la norma está diseñada para una de las mafias que cogobiernan la capital, que es la de las rutas de colectivos y, por supuesto, también la de los taxis irregulares.
En ambos casos, las normas están diseñadas para beneficiar los intereses de las cámaras de transportistas, sindicatos y grupos de choque social, a sabiendas de que la inmensa mayoría de estos vehículos es una fuente de contaminación alarmante. Basta observar el estado en que se encuentran y los ruidos que producen esos vehículos de la muerte que denominan “peseros”, que nos asemejan más a Nepal que a la ciudad moderna que dicen que somos.
A lo anterior hay que agregar que del Programa de Verificación Vehicular, que lleva casi tres décadas de operación, hoy se puede decir que ha fracaso. Esto debido a que, al igual que casi todo lo que produce esa combinación de intereses públicos y privados por la vía de las concesiones públicas, los denominados “verificentros”, se han convertido en espacio de una corrupción descarada y cuyo único objetivo para el gobierno es la recaudación. Basta observar la cantidad de autos “chatarra” que circulan a diario portando calcomanías vigentes de verificación. Para atender todos esos casos, el GDF tiene previstas 38 patrullas ambientales con atribuciones para sacar de circulación y sancionar a los vehículos ostensiblemente contaminantes (en una ciudad de casi 20 millones de habitantes).
Por otra parte, desde hace aproximadamente tres años, han proliferado en esta metrópoli los servicios de coches privados, como la empresa Uber. Al final de cuentas, se trata de servicios de transporte que compiten con los servicios de taxi, aunque con mucho mayor calidad y ventajas para los usuarios. Sin embargo, el problema radica en la falta de control de las autoridades en la venta de vehículos nuevos para esta finalidad y, en consecuencia, en el control del aumento de la flota vehicular. Pues es claro que, en determinadas zonas céntricas de la CDMX, el tráfico ha aumentado considerablemente y, por supuesto, eso tiene que ver con el aumento de vehículos en circulación, sin que se haya pensado en un programa que retire a otros vehículos.
Cabe preguntar cuál es la causa por la que este concierto de gobiernos metropolitanos (que incluye al gobierno federal) tampoco ha apostado por políticas públicas efectivas de generar medios alternativos de transporte y de circulación. Resulta extraño que, siendo políticos tan viajados (hay que ver el itinerario de viajes internacionales del jefe de Gobierno de la Ciudad de México), no hayan adoptado las medidas de peaje empleadas en algunas ciudades europeas. Es decir, establecer tarifas elevadas por circular en vehículos privados por las zonas céntricas de la ciudad, con la finalidad de incentivar el uso de transporte público generalizado.
A casi tres décadas de su existencia, retomar al pie de la letra el programa Hoy No Circula no sólo refleja la falta de imaginación de los políticos involucrados, sino también la falta de conocimientos de soluciones efectivas en los problemas ambiental y, por supuesto, la falta de voluntad política.
