Teorema y ecuación de la democracia

No existe una sola democracia, sino que cada país tiene una diferente. La mexicana es única y, por cierto, hasta ahora es de las mejores y más evolucionadas. Es de una envidiable 5ª generación que logramos hace 46 años, en 1978, y ahora la quieren regresar a una mísera 1ª generación, que teníamos hace 202 años, en 1824.

Como lo he dicho en mis dos libros sobre teoría del poder, el teorema de la democracia es un asunto de estadistas, no de chambistas. Es una cuestión de quién manda, no de quién gana. Porque hay quien gana, pero nunca manda.

Comparo este teorema con una cadena de nueve eslabones que se origina en la soberanía, como depósito original del poder y se convierte en democracia, como depósito derivado. El tercero es la figura de la representación. El cuarto es la elección. El quinto es la designación. El sexto es el gobierno. El séptimo es la potestad. El octavo es la competencia y el noveno es el ejercicio real del poder. Esto no lo digo yo. Lo dice la Constitución Política y el pensamiento político moderno.

A su vez, este teorema tiene ecuaciones con cinco generaciones de evolución. La primera es una democracia elemental que se compararía con la aritmética más simple. Su fórmula es tan sólo paridad + mayoría. La segunda es la democracia proporcional, que ya sería la geometría plana. Su fórmula es paridad + proporcionalidad. La tercera es la democracia molecular, que equivaldría a la geometría espacial. Su fórmula es paridad + mayoría + proporcionalidad. Ésta es una combinación de las dos primeras.

La cuarta es la democracia estructural, que la comparo con la trigonometría. Su expresión es paridad + mayoría + proporcionalidad + exclusividad. Ésta es la elección de cada poder público por diferentes métodos y fórmulas. La quinta es la democracia polimeral y se parece al cálculo diferencial. Su fórmula de expresión sería paridad + mayoría + proporcionalidad + exclusividad + interconectividad. Este modelo es la democracia federalista. No omito las fórmulas imperfectas de la democracia secundaria como los colegios electorales o las segundas vueltas.

Pero no existe una sola democracia, sino que cada país tiene una diferente. La mexicana es única y, por cierto, hasta ahora es de las mejores y más evolucionadas. Es de una envidiable 5ª generación que logramos hace 46 años, en 1978, y ahora la quieren regresar a una mísera 1ª generación, que teníamos hace 202 años, en 1824. Es como regresar del smart phone al telégrafo, de la estación espacial a la posta de diligencia o de la cirugía robótica al machete santero.

Ahora bien, pasando de la dulce teoría a la canija realidad, resulta que en las naciones modernas nadie tiene todo el poder. El gobierno suele tener el poder jerárquico, pero nada más. El poder económico y financiero está en las empresas y en los bancos. El poder científico y tecnológico está en las universidades y en las profesiones. El poder de opinión está en los medios y en las redes. Y el poder de gobernabilidad y gobernanza está en los que convencen y conducen. Por eso he dicho que se requiere gobernar con todos.

Así de fácil.

Ya hemos jugueteado con la Constitución, con la justicia, con la milicia, con la educación, con la salud, con la energía, con el presupuesto y ahora queremos jugar con la democracia, aunque no sepamos muy bien lo que eso realmente es. Cuidémonos de los malos juegos porque los juguetes se quiebran y reponerlos cuesta mucho. En la política hay juguetes impedidos, hay jugadores indebidos y hay juegos prohibidos.

Ayer me asustó la analítica columna de Pascal Beltrán del Río. Me hizo pensar que el plan “A” sería la democracia taimada, pero el plan “B” sería la dictadura cínica. Me da miedo suponer que el primero desbordara a Donald Trump y me da miedo imaginar que el segundo resucitara a Francisco Madero. En la historia política no existe la resistencia infinita y la terquedad no es buena consejera ni buena compañera. La terquedad fue el pecado de Porfirio, fue el error de Plutarco y fue el fracaso de Díaz Ordaz. 

Hay dos tipos de países. Los que son lo que quisieron ser y los que son lo que les salió. Estados Unidos, Alemania y China son su propia obra. Cuba, Moldavia y Pakistán son lo que les salió. El futuro de México dependerá de lo que nosotros elijamos.