Labastida por Labastida

Es el mejor conocedor de la política energética. Muchos lo llaman “el Ortiz Mena de la energía nacional”.

Ya está en manos de los lectores la autobiografía política de Francisco Labastida, titulada La duda sistemática. La encontré muy interesante por muchas razones, pero destaco que es una autobiografía política muy rara y muy extraña, porque es muy sincera, porque es muy modesta y porque es muy amena. Estoy seguro de que no conocen muchas así.

El libro contiene un menú muy suculento, que no adelanto para no quemar vísperas al lector. Pero sí puedo decir que la pluma autora está muy autorizada. Labastida ha sido un funcionario muy reconocido y muy respetado. Se le reconocen muchos méritos. Por ejemplo, es el mejor conocedor de la política energética. Muchos lo llaman “el Ortiz Mena de la energía nacional”.

Tuvo encargos de alto nivel con cuatro presidentes y con otros tantos los ayudó de a gratis. En dos ocasiones ocupó subsecretarías. Estuvo cuatro veces en el gabinete presidencial. Fue embajador, senador de la República y gobernador de Sinaloa. Y fue candidato a la Presidencia de la República. Quiero destacar que sus cargos de elección los ganó arrolladoramente.

Daré tan sólo un dato. Cuando ganó la senaduría, su partido político estaba en la debacle del tercer lugar nacional. Sin embargo, Labastida fue el candidato senatorial con mayor voto favorable en todo México. Y es que los sinaloenses lo quieren a tal grado que está rankeado entre los tres más queridos por sus paisanos. Los otros dos son Pedro Infante y Lola Beltrán.

He disfrutado de la amistad de Labastida durante casi 50 años y muchos atributos suyos los he admirado siempre. Pero esta autobiografía me presenta algo que me parece oportuno compartir de su brillante carrera. A pesar de la convivencia con muchos, ni gobernadores ni secretarios ni legisladores ni líderes ni De la Madrid ni Salinas ni Zedillo ni nadie le ha quitado el protagonismo a su propia vida.

Y eso no es frecuente en los políticos. De hecho, recuerdo a tan pocos auto protagonistas que hoy tan sólo puedo mencionar a Carlos Hank González, a Jesús Reyes Heroles, a Sergio García Ramírez y a Francisco Labastida Ochoa.

Para mí, ésta es una virtud mayor en una vida política. Si hay algo muy lastimoso en la vida de un político es que sean otros los personajes más importantes de su propia existencia y que él sea tan sólo un insignificante actor de reparto o un intrascendente extra.

Muchas veces pienso en María Tudor. Siempre rodeada de reyes. Ella misma fue reina, hija, hermana, esposa y tía de reyes. Todos titánicos, no “reyezuelos”. Los que la rodearon durante su vida fueron diez de los reyes más importantes en la historia de sus poderosísimas naciones.

Pero a María nadie le quita el protagonismo de su vida. Ni sus padres Enrique VIII y Catalina de Aragón ni su madrastra Ana Bolena ni sus abuelos Isabel La Católica y Fernando de Aragón ni su tía Juana La Loca ni su primo Carlos V ni sus hermanos Isabel I y Eduardo VI ni su esposo Felipe II.

La vida de María es todo un drama político, personal, filial y amoroso, que ha inspirado literatura, cinematografía y teatro. Pero es un drama propio y no un drama ajeno. En medio de todas sus tragedias, logró salvar la corona británica y la sobrevivencia de su nación. Para ello y para entrar en la grandeza histórica no requirió de todo un sexenio. Tan sólo cinco años de reinado le fueron suficientes. Hoy y por siempre, en el Reino Unido habrá universidades, hospitales, avenidas, trasatlánticos y portaaviones que ostenten el nombre de “Queen Mary”.

Debe ser muy triste ser un político insignificante. Debe ser muy triste ser insignificante. Es una fortuna que la ventura nos haya permitido ser el autor, el productor, el director y el actor principal de nuestra propia vida. Que nosotros mismos y nadie más la hayamos escrito, la hayamos dirigido, la hayamos pagado y la hayamos estelarizado.

Francisco Labastida ha vivido su propia vida y ésta ha sido una vida plena. Qué bueno que rompió el silencio y que nos regaló esta obra.

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