La certeza de la incertidumbre

A Claudia Sheinbaum le dejaron un tiradero muy complicado. Es inteligente y lo entiende perfecto. Es inteligente y no lo informa ni a mexicanos ni a extranjeros. Para México sería una catástrofe que nos dijera toda la verdad. En los terremotos, lo más grave no es el derrumbe, sino la estampida.

                                Para Jorge Fernández Menéndez en esta mala hora.

Ha finalizado nuestro descanso y volvemos a la realidad. Pero no sabemos cuál es la realidad. Estos son tiempos de incertidumbre, ese terrible batidillo entre el saber y el no saber que se nos da cuando conocemos algo, al mismo tiempo que ignoramos algo.

A Claudia Sheinbaum le dejaron un tiradero muy complicado. Es inteligente y lo entiende perfecto. Es inteligente y no lo informa ni a mexicanos ni a extranjeros. Para México sería una catástrofe que nos dijera toda la verdad. En los terremotos, lo más grave no es el derrumbe, sino la estampida.

Ante nuestros problemas, si tuviera que atenerme al discurso del método, diría que apenas estamos al inicio de la segunda regla cartesiana. Si tuviera que atenerme al silogismo aristotélico, diría que estamos entre las premisas mayor y menor. De todos modos, nos llamamos Juan.

Hay incertidumbre en el escenario económico. El comercio internacional, la inversión, la inflación, las remesas, la paridad, la finanza pública, el mercado, el empleo y la informalidad.

Hay incertidumbre en el escenario jurídico. La inseguridad, la delincuencia, la Constitución y su defensa, las leyes y los tribunales, la impunidad y la corrupción.

Hay incertidumbre en el escenario social. La educación, la salud, la vivienda, la alimentación, el desarrollo humano, la cultura, la comunicación, el bienestar social, la recreación y la familia.

Hay incertidumbre como en otros 300 escenarios que omito por espacio y tiempo. El clima, el medio ambiente, el agua, la infraestructura, la energía, la industria, el campo, la guerra, la paz, el turismo y la diplomacia.

Hay incertidumbre en el escenario político. La viabilidad del Estado. ¿Totalitarismo o liberalismo? ¿Más Estado o menos Estado? ¿Estado que manda o Estado impotente? ¿Quién manda realmente? ¿Separación o fusión de poderes? ¿Más o menos democracia, federalismo y constitucionalismo? ¿La política va bien o va mal?

Cuando comienzan los terremotos no sabemos cómo terminarán. Pero la incertidumbre nos regala lo que la certidumbre nos regatea. Todo ello porque la certidumbre nos instala la seguridad. La seguridad nos instala la soberbia. Y la soberbia nos nubla la visión sobre la adversidad. Por el contrario, la incertidumbre nos prepara en humildad y en visión.

Lo primero que nos da es la disposición para pensar las posibilidades y los imprevistos. Lo segundo sería la aptitud para prever escenarios diversos. Lo tercero sería la serenidad para jerarquizar las prioridades y los valores. El cuarto sería el talento para sopesar capacidades. El quinto sería la capacidad para reconocer limitaciones. El sexto sería la habilidad para diseñar estrategias.

El séptimo sería la destreza para imaginar derrotas, preparar rendiciones y salvar algo del naufragio. El octavo sería la soltura para preparar las victorias, las condecoraciones, los repartos y los honores. Y el último sería la madurez para mejor conocernos.

Hay países que son lo que quisieron ser, como Japón, Alemania y Estados Unidos. Hay países que son lo que les salió, como Haití, Burkina Faso y Bangladesh. Creo que México siglo XX fue lo que quiso ser y que México siglo XXI está siendo lo que nos ha salido.

En la principal novela de Lewis Carroll, la famosa Alicia se pregunta ¿cuál camino debería tomar? El Gato de Cheshire le replica que ¿hacia dónde quisiera llegar? y Alicia le responde que no lo sabe. Entonces el felino concluye, con toda lógica, que realmente no importa el camino que escoja. Si no sabe a dónde va, cualquier camino la llevará allá.

Lo peor que le puede acontecer a una sociedad es perder el destino. Ello es mucho más grave que tan sólo perder el camino. Con perder la ruta daremos más vueltas y nos tardaremos un poco más, pero vamos a llegar a donde queremos. Pero con perder la meta no sabremos a dónde queremos llegar y la única certeza es que no llegaremos a ningún lugar.

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