Hace unos días comentaba con Mercedes Juan que otra vez nos estamos jugando México. Eso me trajo muy diversos recuerdos y previsiones. Uno de ellos fue cuando un Presidente de la República, en su quinto año sexenal, me preguntó que haríamos si perdíamos las venideras elecciones.
Con voz firme le contesté que, si perdíamos por poco, nos las robáramos. Que, si perdíamos por mucho, las anuláramos. Y que, si se enojaban y se levantaban, nos los chingáramos. Que, para eso, se requiere falsear votos, impugnar irregularidades, trampear resultados, suspender garantías electorales y hasta garantías individuales. Pero, al cabo, teníamos INE, Tribunal Electoral, Suprema Corte, Congreso de la Unión y hasta Ejército.
En silencio me miró un minuto y me dijo que, en algún momento, me debió designar como secretario de Gobernación. Lo entendí como la mera cortesía de un presidente amigo, la pasé por alto y le dije que me asustaba su pronóstico electoral. Me contestó que no se refería a la inminente, sino a la subsiguiente y a otros episodios de su sexenio en los que se requería visión política y mano fría. No me dijo cuáles, pero me los he imaginado.
Con los tiempos, no sé si algunos me han copiado. En una democracia normal como Francia, para ganar tan sólo se necesita tener más votos que los otros. Esto parece una broma, pero no lo es. En una democracia anormal como México, se necesita tener más votos y otras cosas. Esto parece una burla, pero no lo es.
Hace unos días, el líder de un partido opositor me preguntó si podrían ganar la elección 2030. Le contesté que yo no soy experto electoral ni consejero de partido alguno, pero la vida me dice que necesitan como 10 cosas que le expliqué y lo comparto en el resumido espacio de estas líneas.
1.- Ganar las elecciones y para ello necesitan 35 millones de votos porque los oficialistas tendrán 30 millones, así los logren por la buena o por la mala. Sin eso, de nada vale todo lo demás. Francisco Madero se levantó porque ganó y porque lo seguirían. Nicolas Zúñiga no se levantó porque no ganó ni lo seguirían.
2.- Para lograr 35 millones necesitan una alianza total de los opositores incluyendo partidos, organizaciones, colectivos, grupos, medios, camarillas y vecinales, sin excepción alguna.
3.- Que el electorado vote masivamente y, para ello, se requiere provocar un apetito de cambio, inventar un candidato de lujo y desplegar un activismo sin límite de tiempo, de moral y de dinero. No se les ocurra jugar a la buena. ¿Más claro o recomienzo?
4.- Que los oficialistas no se roben las elecciones, porque se las pueden robar. Los opositores deben anticipar y deben vigilar con ciudadanos, observadores, cámaras, actas y testigos, para dejar huella del caso.
5.- Que no se las anulen, en el mismo sentido de lo anterior.
6.- Que tengan muy en claro, muy decidido y muy acordado lo que van a hacer si los roban o los anulan y no vayan a salir con una marea al Zócalo, con un plantón en Reforma o con una denuncia internacional, porque ésos no sirven para nada.
7.- Que tengan la decisión suficiente para hacer las cosas que son muy difíciles, muy dolorosas, muy peligrosas y muy definitivas.
8.- Que, incluso, sean capaces de llegar al golpe o al levantamiento, siempre y cuando hayan ganado.
9.- Que calculen si su golpe o levantamiento sería popular o militar o ambos. El popular no sirve. El militar sí les podría servir, bajo el principio de que el ejército está con el pueblo, no con el gobierno.
10.- El basamento de su triunfo electoral es esencial para la bendición de la cúpula militar y de la cúpula internacional. ¿Me explico?
En fin, no creo estar diciendo nada novedoso ni tengo patente. Yo creo que los oficialistas y los opositores saben muy bien lo que tienen, lo que no tienen, lo que pueden esperar y lo que va a pasar. Pero también creo que estamos en un juego suma-cero. Creo que los que ganen y los que pierdan se van a herir, se van a dañar y se van a destruir.
