Democracia, libertad y justicia

La democracia puede entrar en retroceso. Ya lo hicieron la libertad, la justicia, el federalismo, el constitucionalismo y el republicanismo. Tampoco vale el argumento del ahorro presupuestario. La democracia, la justicia, la salud o la seguridad son caras. En cambio, la dictadura, la injusticia, la enfermedad o el crimen son baratos para el gobierno, pero carísimas para el pueblo.

 

 

 

En estos días, Pascal Beltrán del Río nos ha mostrado su preocupación por una posible reforma de regresión democrática. Hay razones de sobra en sus ideas y en sus palabras. Confieso que también me preocupó a mí y a muchos otros, entre ellos Jorge Fernández Menéndez.

La democracia, la libertad y la justicia forman un triángulo perfecto de excelencia política. Dichosos los pueblos que gozan de las tres. El problema es que sólo son benéficas si coexisten. Si falta alguna, hasta se convierten en nocivas. Son como el agua. Cuando es pura, es vital. Cuando es impura, es letal. La purificada, da vida. La contaminada, da muerte.

Pareciera que el discurso político actual va aumentando su confusión entre los conceptos de libertad, de democracia y de justicia. Para explicarme relacionaré seis fórmulas binarias. Democracia sin justicia es linchamiento popular. Democracia sin libertad es dictadura de mayoría. Justicia sin democracia es ley del más fuerte. Justicia sin libertad es ajusticiamiento. Libertad sin democracia es desorden bárbaro. Libertad sin justicia es delincuencia organizada.

Como toda reforma política, la que puede surgir debe valorarse en lo que nos mejore. Lo demás es inútil y absurdo. De nada sirve discutir si debemos tener 200 o 700 diputados. El tamaño es muy poco importante. Lo fundamental es la composición y la potestad de un Poder Legislativo.

La democracia representativa rechaza la sobrerrepresentación inconstitucional, título del reciente y recomendable libro colectivo de Diego Valadés. Pero, además, el republicanismo que elimina al absolutismo obliga a que el poder respete límites y tenga equilibrios. Pongo un ejemplo. Hoy en día, los congresos ordinarios podrían derogar en fast track el voto femenino o el voto masculino. Todo porque el Congreso Constituyente y los congresos ordinarios son lo mismo y sin límites.

Tampoco habría a quién recurrir. El tribunal constitucional es el propio Poder Judicial federal. De todos modos te llamas Juan. Por eso, la fórmula de la justicia no puede estar divorciada de la fórmula de la democracia ni de la libertad.

Tiene razón Pascal. La democracia puede entrar en retroceso. Ya lo hicieron la libertad, la justicia, el federalismo, el constitucionalismo y el republicanismo. Tampoco vale el argumento del ahorro presupuestario. La democracia, la justicia, la salud o la seguridad son caras. En cambio, la dictadura, la injusticia, la enfermedad o el crimen son baratos para el gobierno, pero carísimas para el pueblo.  

Tengamos cuidado con las discusiones estériles. Tengo un recuerdo del absurdo. Pemex no es una cadena de gasolineras ni el IMSS es una cadena de hospitales. Pero, durante décadas, los del partido conservador dijeron que Pemex y el IMSS se deberían vender porque el gobierno es mal administrador. Los del Partido Revolucionario decían que ambos eran obra y conquista inalienable de la Revolución.

Sus argumentos eran inteligentes, pero su discusión era pendeja. Por eso, mientras ellos discutían, llegaron los otros y lo destruyeron todo. Hoy, ya no hay conquista hospitalaria que atesorar ni chatarra petrolera para vender. Los tres partidos dirían que esto no es cierto. Seguramente lo volverían a discutir muchas veces. No nos vaya a pasar lo mismo con la democracia.

En el itinerario histórico de la evolución política, cuando los pueblos adoptaron la libertad, la democracia y la justicia, metafóricamente fue cuando los humanos salieron de la cueva, cuando sus extremidades dejaron de llamarse patas y cuando empezaron a caminar sobre dos piernas. Cuidémonos mucho de la vergüenza de ser ésta la generación de mexicanos que nos regrese otra vez a las cavernas.  

Para que haya verdadera democracia, libertad, justicia y política, se requiere que haya verdaderos políticos, verdaderos demócratas y verdaderos liberales. Cuando el pato tiene agua, no sólo bebe sino hasta nada. Pero cuando el pato no tiene agua ni nada, …ni nada.