Crucigrama de ideas
Es muy cierto que, aun ahora, no nos agradan las ideas cuando difieren de las nuestras. Nuestro federalismo incomoda a los centralistas. Nuestro liberalismo enoja a los conservadores. Nuestro republicanismo enfurece a los déspotas. No siempre gustamos a los otros cuando somos soberanistas, justicialistas, progresistas, sensatos o racionales.
La ilusión del siglo XXI nos dice que los únicos tráficos que hoy se persiguen son tan sólo los de drogas, de armas, de personas, de contrabando, de favores, de influencias y de votos electorales. Que hace mucho tiempo el mundo ha desterrado el tráfico de ideas prohibidas.
Es muy cierto que, aun ahora, no nos agradan las ideas cuando difieren de las nuestras. Nuestro federalismo incomoda a los centralistas. Nuestro liberalismo enoja a los conservadores. Nuestro republicanismo enfurece a los déspotas. No siempre gustamos a los otros cuando somos soberanistas, justicialistas, progresistas, sensatos o racionales. Pero creo que ya no se repetirán el martirio de Giordano Bruno ni la abjuración de Galileo Galilei.
Por eso me consuela y me tranquiliza saber o suponer que en los países civilizados ya nadie persigue el tráfico prohibido de ideas distintas y divergentes. Sin embargo, tan sólo me acosa un dilema. No sé si ya no se persigue porque hemos llegado a un estadio superior de tolerancia o si ya no se persigue porque hemos llegado a un estadio inferior de carestía. Porque aceptamos las ideas de todos o porque no hay ideas para rechazar.
O dicho de manera más brutal, porque no hay ideas prohibidas o porque no hay ideas. ¡Claro que hay hombres y mujeres inteligentes! Pero una cosa es la inteligencia y otra muy distinta son las ideas.
Pueden ser muy positivos los ejercicios de pensamiento y expresión como uno muy reciente que han instalado Francisco Labastida y otros mexicanos. Entiendo que no se trata de una plataforma electoral, ya que no quieren postularse ni buscan candidato. Que no se trata de un partido político, porque no están siguiendo el camino para ello. Más bien podría ser una fábrica de políticas, no una talachera de críticas. Un arca de ideas, no una cubeta de ocurrencias. Un troje de soluciones, no un galpón de confrontaciones.
Como el agua, las ideas no tienen valencia propia. Pueden ser buenas o malas. Destruyen o construyen. Salvan o matan. Redimen o condenan. La idea y el agua pueden ser buenas cuando las hay. Pero siempre es muy malo cuando no las hay.
Así es, exactamente, el caudal y el encauce de la idea. Por la innegable idea de la dignidad de los seres humanos, hace cinco siglos abrazamos el Renacimiento y nos liberamos del Medioevo. Pero, por la inconsciente idea de la heredad del planeta, hoy en día atacamos y arriesgamos la sobrevivencia de la Tierra, sin pudor y sin consciencia. Lo verdaderamente importante es que la idea no puede eliminarse. El castigo bíblico es relativo y parcial. Polvus eris et pulvis reverteris nos advierte de la muerte futura. Fuimos, somos y seremos polvo. Pero esto tiene su excepción. Volvulus mens non omnis reverteris. El polvo que piensa no vuelve al polvo. La idea sobrevive y atraviesa el tiempo porque ella reencarna, a veces hasta el infinito. Frente al castigo del Padre, está la promesa del Hijo sobre la redención, por la idea convertida en creencia “hasta el fin de los tiempos”. La idea nos distingue de los demás y nos eleva sobre ellos.
Pero, adicionalmente, la idea no es estática ni unipersonal. La cosa tiene dueño único y exclusivo. La idea es de todos los que la quieran recibir. Puede comenzar como propiedad privada, pero tarde o temprano se convierte en patrimonio común.
La mayor tragedia y la mayor penuria de una nación no residen en sus carencias materiales ni financieras y, ni siquiera, políticas, sino en una carencia de ideas. Ésa es la verdadera pequeñez nacional. La mala idea puede ser mejor que la idea ausente. Como el agua, casi siempre el torrente es menos lesivo que la sequía. La crecida puede matar a algunos, pero la aridez puede matar a todos.
Se gobierna con hombres, con leyes y con instituciones, pero, adicionalmente, se gobierna con ideas. No ha existido gran nación carente de ideas. Por eso, es preferible confesar nuestra pobreza transitoria con un “se solicitan ideas” que abrazar nuestra soberbia pertinaz con un “prohibido pensar”. Más vale pedir prestado que dejar de comer.
