Bálsamo de seriedad con García Harfuch
He preguntado a muchos mexicanos y todos coinciden en considerar que lo más serio del equipo gubernamental son Omar García Harfuch y Marcelo Ebrard. Hoy, tan sólo diré que el secretario de Seguridad dice y hace lo que debe decir y hacer. Su estirpe es de lealtad y de seriedad.
En memoria de David Cantú.
Debemos ser muy cautos cuando un gobierno requiere de muchas explicaciones, de muchas aclaraciones o de muchas justificaciones. Cuando sus acciones están saturadas de dudas, de incertidumbres o de vaguedades.
Así vemos que hoy no sabemos si el asunto de la migración es economía, es seguridad o es racismo. Si el de los aranceles es tributario, es comercial o es misántropo. Si el de la delincuencia es complicidad, es lenidad o es impotencia.
Así vemos que los mexicanos ya llevamos nueve sexenios en los que la delincuencia ha sido el discurso, el programa y la promesa. Se encarcelan a algunos capos, se reforman leyes, se endurecen castigos y se especializan fiscalías, que vaya usted a saber para lo que hayan servido. ¿Qué es lo que ha estado mal? ¿El discurso o la acción? ¿En dónde hemos fallado y qué es lo que debemos corregir?
He preguntado a muchos mexicanos y todos coinciden en considerar que lo más serio del equipo gubernamental son Omar García Harfuch y Marcelo Ebrard. Hoy, tan sólo diré que el secretario de Seguridad dice y hace lo que debe decir y hacer. Su estirpe es de lealtad y de seriedad. Él lo está confirmando.
Desde hace varios años, en algunas ocasiones recibí la visita de amigos michoacanos, veracruzanos y de una docena de estados. Todos ellos ricos hombres de bien y de trabajo, dedicados al campo y a generar empleo e ingreso en sus regiones. A ellos, los extorsionadores exigen un estipendio a cambio de “permitirles” trabajar sus tierras.
La posible respuesta les brinda tres alternativas, todas ellas terribles. Una, ceder al chantaje y pagar la sica, el “derecho de piso” o como se le llame. Dos, organizarse en armas y lanzarse en contra de ellos. Tres, cambiar de residencia y establecerse en otro estado o en otro país.
Habían venido a la capital para intercambiar opiniones y recomendaciones. El primer enigma era si yo creía que esto pasaría rápido. Nunca quise ser fatalista en pronosticar una plaga larga, pero nunca quise ser mentiroso en augurar una solución pronta. Por desgracia, fui acertado, porque mi vaticinio se dio hace años y todavía no vemos el final.
Al terminar nuestra sobremesa y despedirnos para que tomaran su carretera o su jet privado, casi siempre los vi abordar suntuosas camionetas, ya debidamente blindadas y fuertemente escoltadas por otras unidades similares. Ellos no acostumbraban el boato y esto me anunciaba sus miedos, los cuales me preocupaban porque el miedo no es buen consejero ni buen amigo ni buen socio. Como siempre, mis amigos se despedían con un abrazo. Pero, a unos metros, el jefe de sus acompañantes me brindaba su respeto llevándose a la sien la mano extendida, simulando un saludo militar. Con esas compañías, me inquietaba que estuvieran a un paso de la lucha armada.
Omar García Harfuch la tiene muy canija, pero muy prometedora. Según el peso de la carga es el monto del flete. Todos me entienden. No habla mucho y eso es bueno. Pero sí trabaja mucho y eso es mejor. Lo más importante de un político es que mueva, que reubique y que convenza, tanto a los suyos como, incluso, a los opositores.
Su batalla es larga y hay poca paciencia en el público. Su batalla es cara y hay poco dinero en el tesoro. Por si fuera poco, su batalla tiene pocos padres, pero muchos padrastros. Los mexicanos tienen todo el derecho de exigir, pero hay hasta algunos extranjeros que exigen tutela, como si fueran nuestros hijos y otros extranjeros que exigen resultados, como si fueran nuestros jefes. Con estos fuereños, creo que estábamos mejor cuando estábamos peor.
El superior hombre de Estado debe ser humilde, síndrome inigualable del gran gobernante. Debe ser realista, síndrome imprescindible del político indispensable. Debe ser inteligente, síndrome supremo del estadista infalible. Ese hombre es el único mariscal de sus legiones, es el único estratega de sus batallas y es el único héroe de sus victorias.
