Aritmética y doctrina
Nosotros debemos preguntarnos si hemos cambiado en algo y, por lo tanto, si debemos cambiar a nuestros gobiernos o a nuestros gobernantes. O si, por el contrario, si no hemos cambiado en nada y, por lo tanto, da lo mismo que nos quedemos con lo que caiga.
Las elecciones son números. Las evoluciones son ideas. Las elecciones son cantidad y se ganan con lo mayor. Las evoluciones son calidad y se logran con lo mejor. La esencia de la democracia electoral es la mayoría. La esencia de la evolución existencial es la mejoría.
Por eso, nuestras elecciones se realizan cuando queremos y ya están programadas, mientras que nuestras evoluciones se nos dan cuando podemos y muy de vez en cuando. En el mundo occidental, la humanidad ha tenido tan sólo tres grandes evoluciones a lo largo de 2000 años. La primera fue el Cristianismo, gracias a la conversión romana y a la evangelización hispana. La segunda fue el Renacimiento, gracias a la renovación italiana. Y la tercera fue la Revolución, gracias al enciclopedismo francés.
Por la primera cambió la relación del hombre con los dioses. Ya no fue su esclavo, sino su hijo. Después cambió la relación del hombre con el universo. Ya aspiró a ser protegido, alimentado, sanado, educado y mejorado. Y, al final, cambió la relación del hombre con los demás hombres. Ya consideró que todos eran iguales, libres y soberanos. Como dijo Antonio Caso, esas tres obras latinas son, desde entonces, el fundamento filosófico, social y político de la cultura occidental.
Pero ninguna de ellas fue la obra de un candidato ni de una encuesta ni de una votación ni de un recuento. En realidad, todas ellas se dieron porque el hombre había cambiado y necesitaba acomodar al mundo para que el mundo le sirviera. Pero no fue a la inversa. No fue porque el mundo hubiera cambiado y el hombre necesitara acomodarse para que cupiera en el mundo. En las evoluciones, primero cambia el hombre y después el mundo.
Algo similar debiera suceder en el terreno de las elecciones, muy insignificante frente al inmenso universo de las evoluciones. Nosotros debemos preguntarnos si hemos cambiado en algo y, por lo tanto, si debemos cambiar a nuestros gobiernos o a nuestros gobernantes. O si, por el contrario, si no hemos cambiado en nada y, por lo tanto, da lo mismo que nos quedemos con lo que caiga.
Ésa es la gran incógnita para inquietar nuestro pensamiento político en estos tiempos. Hasta hoy, en los dos bandos electorales contendientes se presentan aspirantes con suficientes méritos para convertirse en presidente. Claro que no todos, pero sí veo a media docena, lo cual nos presenta un menú muy amplio para escoger hasta siendo muy exigentes.
Para eso son las elecciones. Para renovar a los funcionarios y nada más. El futuro presidente necesita 25 millones de votos para serlo. No hay ninguno que los tenga y no hay nadie que se los pueda regalar. Depende totalmente de los 50 o 60 millones de electores que votarán. Es decir, depende totalmente de nosotros.
Eso en cuanto a las elecciones que son aritmética. Entretenernos con las palabras no es más que dilatarnos en los resultados. Lo que más necesitamos ya nos lo tienen prometido, aunque no cumplido. Pero nada de eso requiere ser descubierto ni mucho menos inventado.
Pero en cuanto a las evoluciones que son doctrina, de momento no necesitamos reinventar una nueva moda de república ni un nuevo estilo de soberanía ni un nuevo diseño de democracia ni una nueva forma de libertad ni una nueva figura de justicia ni una nueva estrategia de federación. Con sus necesarias modernizaciones bien funcionan en todo el mundo desde que las inventamos hace 250 años y podemos calcular que servirán durante los futuros tres siglos.
En pocas palabras, para el 2024-2030 no necesitamos llegar a la Luna y volver a la Tierra, sino llegar a nuestro trabajo y volver a nuestra casa. No necesitamos milagros, sino medicinas. No necesitamos una buena limosna, sino un buen país. No necesitamos una gran vida, sino una vida segura. No necesitamos recuperar Texas, sino recuperar México. No necesitamos un gobierno que nos ame, sino un gobierno que nos respete. No necesitamos un buen héroe, sino un buen presidente.
