Un elogio de El Tapado
Perece que el gran-elector nos librará de pensar, de valorar, de dudar, de decidir y de resolver. El Tapado, hoy vale recordarlo, sobre todo para los jóvenes, surgió por la necesidad de contener la ola magnicida de los años 20. Calles cambió las reglas. No habría contienda. Un solo hombre decidiría. Los mexicanos ya no se matarían por el poder
Así fue durante 70 años. Algunos dicen que debió concluir 30 años antes. Otros dicen que valdría haberlo prorrogado 30 más. Hoy parece que volvemos a esa práctica que no es buena ni mala en sí misma. Es la decisión interna de un partido y, por lo tanto, a nadie fuera del priismo le corresponde laudarla o denostarla, mucho menos modificarla. Es bueno que cada partido valore su propia esencia y no la ajena.
Parafraseando a Alexis de Tocqueville, el PRI y Morena serán fuertes siempre que no se horizontalicen. Mal le iría a Morena si convocara a un plebiscito para decidir si la candidatura capitalina será para Monreal, para Delgado, para Sheinbaum o para Batres. Así como muy mal le iría al PRI si lo hiciera para decidir de entre sus posibles candidatos presidenciales. Más aún, ya ha probado lo mal que le ha ido así.
Por el contrario, el PAN y el PRD serán fuertes siempre que no se verticalicen. Mal les iría si sus candidaturas las deciden sus jerarcas, ninguneando la voluntad de sus correligionarios.
Hoy, pareciera que son dos los personajes que ya acaparan la atención rumbo a la candidatura presidencial priista. Yo no descartaría a los otros ocho posibles, pero reconozco que “los pepes”, Meade y Narro, son ya los favoritos de los apostadores tricolores.
Sin desdoro de otros merecedores, estos tienen fuertes atributos que justifican su inclusión. Los dos son preparados. Los dos son eficientes. Los dos son honestos. Los dos son probados. Los dos son respetados. Los dos son institucionales. Los dos juegan en liga superior antes de este sexenio. Los dos son independientes de cualquier franquicia política personal. Los dos son inteligentes. Los dos son nobles. Los dos son patriotas. Los dos son justos. Los dos son valientes. Los dos son leales. Los dos son sensatos. Y los dos tienen grandeza.
De José Antonio Meade he dicho, en estas páginas, que tiene la vista política de Jesús Reyes Heroles, la visión social de Luis Donaldo Colosio y la videncia económica de Antonio Ortiz Mena. De José Narro puedo decir que tiene la vista ciudadana de Isidro Fabela, la visión humanista de Adolfo López Mateos y la videncia de gobierno de Plutarco Elías Calles.
Pero, volviendo a los jóvenes y a El Tapado, puedo resumir algunas de sus características más conspicuas.
Es una decisión unipersonal. No se comparte. No se consulta. No se comenta. No participan en ella ni los poderes ni las fuerzas ni las cúpulas ni las potencias ni las opiniones. Es el acto de poder más unipersonal y, por lo tanto, más solitario de nuestro sistema. Por eso mismo no se sabe cuándo se gesta ni qué lo genera.
Es una decisión íntima. En consecuencia, nadie tiene información sobre ella y, cuando el gran-elector parece que se confiesa, su confidencia ha solido ser deliberadamente embustera. Ni sus esposas ni sus hijos ni sus hermanos ni sus socios ni sus amigos ni sus novias y ni siquiera sus elegidos lo han sabido con anticipación. Pero, más aún, los protagonistas nunca lo han relatado, salvo como crónica mendaz.
Es una decisión no siempre libre. Por el contrario, la mayoría de las veces se ha tratado de una decisión forzada por las circunstancias o por las coyunturas. En las 15 candidaturas presidenciales decididas por el PRI bajo este método, sólo en tres ocasiones han triunfado los deseos personales del gran-elector. En los otros 12 fue una decisión obligada o circunstancial.
Antonio Ortiz Mena no fue candidato porque la economía estaba muy bien y, por lo tanto, era prescindible. Miguel de la Madrid fue candidato porque la economía estaba muy mal y, por lo tanto, era imprescindible. Miguel Alemán, Díaz Ordaz y Salinas decidieron, respectivamente, a favor de Adolfo Ruiz Cortines, de Luis Echeverría y de Ernesto Zedillo porque no tuvieron de otra ni “Plan B”. A su vez, Ruiz Cortines, López Mateos y De la Madrid decidieron a su puritito gusto. Y Echeverría decidió a favor de López Portillo no sé por qué causa y no sé si él ya lo sepa.
Pero, como decía Ruiz Cortines: “¿Para qué lo adivino, si lo voy a saber? ¿Para qué lo pregunto, si me lo van a decir? ¿Para qué se los pido, si me lo van a dar?”.
En fin, en la carretera y en la política es muy peligroso no ver las curvas, no respetar las señales, no tener visibilidad óptima, no estar en buenas condiciones y no abrochar el cinturón. La colisión puede ser fatal y así ya lo han pagado muchos conductores inexpertos, sus pasajeros invitados y hasta los metiches polizones.
