El golpe sobre la mesa
A EU van las drogas, es un crimen trasnacional con dimensiones globales y debe haber necesariamente una coordinación profunda, mucho más profunda incluso que la actual, para combatirlo con éxito.

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Nos estamos equivocando como país en muchas cosas en el posicionamiento que estamos teniendo ante Estados Unidos y Donald Trump. Como hemos dicho, pareciera haber añoranza por los años 70 y se piensa que podemos movernos en un terreno similar al de aquella guerra fría que poco y nada tiene que ver con el nuevo paradigma mundial que ha impuesto Trump y que quedó de manifiesto con la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero pasado.
La primera respuesta del gobierno, presionado por el ala dura de Morena y el expresidente López Obrador (que no entiende ni quiere entender que nada ayuda interviniendo en temas que son atribución presidencial), ante la caída de Maduro, fue desafortunada. Se leyó como que el gobierno se había puesto el saco ante una posible intervención estadunidense. Las posteriores declaraciones de Trump aumentaron ese temor. No sé si la plática del lunes entre la Presidenta y Trump disiparon esos temores en lo inmediato, pero sí queda claro que hay cosas que deben reencauzarse con rapidez.
Primero hay que asumir algo que es verdad: México no es Venezuela. No digo que no pueda haber alguna acción encubierta de Estados Unidos como ya las ha habido en otras ocasiones (insisto en que la captura de El Mayo Zambada lo fue), pero nadie está hablando de una intervención militar en territorio mexicano. La cadena de intereses comunes es tan compleja, en todos los ámbitos, que sería profundamente desafortunado hacerlo y la Casa Blanca lo sabe. El combate a los grupos criminales es uno de esos intereses comunes.
Es verdad que México permitió un empoderamiento inusitado de los grupos criminales, alimentado sobre todo por las enormes ganancias del tráfico de fentanilo en el sexenio pasado, pero el tema va más allá: Estados Unidos es el mercado al que van esas drogas, es un crimen trasnacional con dimensiones globales y debe haber necesariamente una coordinación profunda, mucho más profunda incluso que la actual, para combatirlo con éxito. Lo que están haciendo en nuestra frontera norte en forma conjunta el Ejército con fuerzas militares de Estados Unidos, es una historia de éxito que ha disminuido el ingreso de fentanilo y otras drogas, de acuerdo con cifras de la Unión Americana, en más de 45 por ciento en 2025.
Eso es lo que se debe profundizar y debe ir de la mano con el golpe sobre la mesa de la Presidenta para descobijar a los cómplices y protectores de los grupos criminales, como lo publicó ayer el Wall Street Journal, una suerte de respuesta de Trump a la plática telefónica del lunes. Ésos son los “resultados tangibles” de los que hablaba el departamento de Estado el domingo, luego de la plática de Rubio y el canciller De la Fuente, y esos personajes estarán nuevamente sobre la mesa en la reunión del Grupo de Implementación de Seguridad Bilateral de alto nivel entre México y Estados Unidos esta semana en Washington.
La colaboración en seguridad de México con Estados Unidos es muy intensa, pero demanda con urgencia ese golpe sobre la mesa. La administración Trump está cumpliendo a rajatabla su estrategia de seguridad nacional y, guste o no, ello implica una profunda integración que ellos llaman hemisférica y para eso requieren que México, como país, esté alineado con esa estrategia. No quiere decir que se abandone la soberanía o algunas de las tonterías que desgranan algunos de los duros de Morena un día sí y el otro también. Implica alinear intereses, sociedades y colaboración en distintos terrenos. Y el de la seguridad es esencial en ese sentido. Pero no es el único.
Ayer Donald Trump exhibió nuevamente su descontento al decir que su país no necesita un tratado de libre comercio con México y Canadá, sostuvo que el T-MEC es “irrelevante” y que no depende de los productos generados en el T-MEC. Es una verdad a medias: de la misma forma que nadie podría decir que México o Canadá, o cualquier otro país, podría enfrentarse a una intervención militar directa de Estados Unidos (lo que suceda después, con el paso del tiempo, es otra cosa, ya lo vimos en demasiadas ocasiones) tampoco podemos decir que Estados Unidos depende de lo que importa de México o del T-MEC. Pero el tratado le da una ventaja competitiva que de otra forma no tendría, sobre todo ante China. No le es indispensable, pero no es irrelevante.
Ésa será una de las cartas de negociación de Trump si México sigue sin contemplar el alineamiento hemisférico. Casi todos los demás países de la región ya lo han comprendido.
La posibilidad de ir postergando las negociaciones del T-MEC durante todo el año no es descabellado si Trump no obtiene lo que quiere en temas que abarcan la seguridad, la energía y muchos otros que trascienden lo comercial. Incluyendo el golpe sobre la mesa de la presidenta Sheinbaum. El que conservemos el tratado en el futuro dependerá de que no sea un mero tratado comercial, si no un alineamiento hemisférico que ya está en proceso.
El golpe sobre la mesa es clave en todo esto: son demasiados los personajes que han estado coqueteando, están relacionados o directamente son cómplices de estos grupos. Se difundieron fotos y videos de los encuentros del gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, con los integrantes de una organización que está indisolublemente ligada con el crimen organizado en el estado, la columna armada Pedro J. Méndez. Villarreal es uno de los que está en la famosa lista (que dicen que no existe) del departamento de Estado y sobre el que pesan demasiadas denuncias que vienen desde mucho antes de que llegara a esa posición.