Abuso y trata, negocios y política

En mayo de 2014 presentamos en el programa Todo Personal los testimonios de jovencitas que sufrieron abusos cometidos por Gutiérrezy su gente. Días después, Cuauhtémoc Gutiérrez nos amenazó por carta.

Nadie debería sorprenderse de que el exdirigente del PRI en la Ciudad de México y líder de los pepenadores, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, haya sido detenido en los últimos días del año. Lo sorprendente es que este sujeto estuviera aún en libertad, luego de que existen denuncias en su contra de abusos sexuales y de trata de mujeres, muchas de ellas menores de edad, desde el 2003.

En mayo de 2014 presentamos en el programa Todo Personal los testimonios de jovencitas que sufrieron abusos cometidos por Gutiérrez y su gente. Días después, Cuauhtémoc Gutiérrez nos amenazó por carta e, incluso, sostuvo que me demandaría en tribunales por “las ofensas” que le había hecho a él y a “su instituto político”. Todavía era dirigente del PRI capitalino. En respuesta, todo lo volvimos a documentar el 11 de junio de ese año. Otros espacios, como el noticiero de Carmen Aristegui, abundaron también en esa historia. Cuauhtémoc Gutiérrez no es el primero que amenaza con los tribunales cuando sus víctimas de abusos sexuales deciden dar la cara, aunque conserven, en principio, el anonimato. Tampoco será el último en descubrir que esas denuncias suelen terminar, tarde o temprano, con el acosador tras las rejas.

Regresemos a la historia de Gutiérrez de la Torre. Una de ellas comenzó con su padre, líder de los pepenadores en Iztapalapa y en otros puntos de la ciudad. Cuenta el periódico español El País, en marzo de 1987: “Fue el 14 de febrero, Día de los Enamorados, cuando Martha García, de 29 años, esposa del asesinado, con quien tenía cuatro hijos y un quinto adoptado, tomó la decisión de asesinarle. Para ello se puso de acuerdo con sus hermanos y el autor material del crimen, Juan Carlos Roque, de 26 años.

“Tuvo dificultades Martha para abandonar la suntuosa casa, donde vivía prácticamente como una prisionera. Su marido no la dejaba salir, ni siquiera para asistir al velatorio de uno de sus hermanos, y esto, más los abusos sexuales cometidos contra una sobrina de 16 años, fue la gota que hizo rebosar el vaso… Rafael Gutiérrez, Rafa, que durante 20 años fue el líder de los pepenadores y alcanzó incluso un escaño de diputado por el PRI en el sexenio del presidente José López Portillo, nació entre la basura, allí amasó su fortuna y encontró la muerte a los 54 años. El líder pepenador sobornaba funcionarios, corrió a los campesinos para edificar una residencia de cuento de hadas en dos kilómetros cuadrados de terreno, se puso brillantes en los tres dientes del frente, violaba a cuanta mujer encontró a su paso y tenía como ambición, de machista, tener 180 hijos”, agregó el diario. Un objetivo que no alcanzó: apenas tuvo 26 hijos, Cuauhtémoc es uno de ellos.

Pero casi al mismo tiempo de la muerte de Rafa se da otro proceso. Aparece en el horizonte el desarrollo de Santa Fe. En un terreno ocupado por pepenadores que trabajaban sobre minas de arenas y un gran tiradero de basura se gestó el desarrollo inmobiliario más dinámico y costoso de la Ciudad de México.

La idea era sencilla: sobre los basureros a cielo abierto, en terrenos que no tenían casi ningún valor comercial, se edificaría el polo de desarrollo económico más grande de Latinoamérica. Originalmente fue una idea de Juan Enríquez Cabot, su padre fue Antonio Enríquez Savignac, el secretario de Turismo que desarrolló Cancún, entre otros centros vacacionales. Emulando Cancún, surgió la idea de Santa Fe.

Cuauhtémoc Gutiérrez y su madre, Guillermina de la Torre, que había sido, luego de la muerte de Rafael, la que heredó el imperio que luego pasó a su hijo, labraron su fortuna política y monetaria con la venta de esos terrenos de los pepenadores a distintos desarrolladores. Ahí se amasaron también numerosas alianzas políticas. Quizás por eso se tardó casi veinte años en que la justicia alcanzara a Cuauhtémoc Gutiérrez, desde las primeras denuncias de 2003 hasta su caída, el 29 de diciembre pasado.

ROSARIO Y DEL RÍO VIRGEN

La contracara de esta acción de la justicia la tenemos con los casos de Rosario Robles y Juan Manuel del Río Virgen. No existe razón jurídica sólida alguna para que la exjefa de Gobierno y exsecretaria de la Sedesol y la Sedatu siga su proceso tras las rejas. Tiene todo el derecho a seguirlo en su domicilio. Incluso su participación en la llamada Estafa Maestra no ha podido ser sustentada, a pesar de que el exoficial mayor, Emilio Zebadúa, se ha convertido en testigo protegido. Lo de Rosario debe entenderse como una venganza política.

Lo del secretario ejecutivo de la Junta de Coordinación Política del Senado es peor aún. Del Río Virgen está detenido, acusado de ser el responsable intelectual del asesinato de un candidato a presidente municipal en Veracruz días antes de los comicios de junio pasado. Pero no existe una sola prueba, un solo testimonio que la Fiscalía del estado haya podido presentar en su contra. Se trata de simples especulaciones políticas del gobierno estatal contra un funcionario muy respetado en el Senado, miembro de Movimiento Ciudadano, cercano de Dante Delgado y del líder de la Cámara alta, Ricardo Monreal. Una venganza política, dicen, del gobernador Cuitláhuac García, sin el más mínimo sustento legal.

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