Los socialistas ¿vienen por los demócratas?

Jorge Camargo

Jorge Camargo

Editorial

Algo está ocurriendo dentro del Partido Demócrata de Estados Unidos que conviene observar con atención. No porque los socialistas estén a punto de conquistar Washington, sino porque una generación de políticos jóvenes comienza a cuestionar desde dentro algunos de los principios económicos sobre los cuales se construyó el consenso estadunidense de las últimas décadas.

Se llaman socialistas democráticos y su principal organización es Democratic Socialists of America (DSA). No constituyen formalmente una corriente del Partido Demócrata y mucho menos un nuevo partido. Es una organización política que participa principalmente en las primarias demócratas para impulsar candidatos y mover al partido hacia la izquierda. Bernie Sanders abrió la puerta con sus campañas presidenciales de 2016 y 2020; Alexandria Ocasio-Cortez convirtió aquella insurgencia en presencia legislativa y la elección de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York demostró que el fenómeno podía convertirse en gobierno.

Un estudio publicado recientemente por Brookings Institution identificó 282 candidatos respaldados por capítulos de DSA durante el proceso electoral de 2026. La cifra parece impresionante hasta observarla con detenimiento: la mayoría compite por cargos locales o legislaturas estatales y sólo 29 recibió el respaldo de la organización nacional. Además, sus mejores resultados continúan produciéndose en distritos profundamente demócratas.

La agenda socialista toca precisamente las heridas económicas de una parte de la sociedad estadunidense: vivienda cada vez más costosa, endeudamiento universitario, inseguridad laboral, concentración de la riqueza y un sistema de salud extraordinariamente caro.

Frente a ello proponen Medicare para todos, universidades públicas gratuitas, cancelación de deuda estudiantil, vivienda social, control de rentas, mayores impuestos a las grandes fortunas, fortalecimiento de los sindicatos y hasta una semana laboral de 32 horas.

Pero su proyecto va mucho más lejos. Sostiene que sectores estratégicos como energía y transporte deberían encontrarse bajo propiedad y control públicos. En política exterior propone reducir considerablemente el presupuesto militar, cerrar bases estadunidenses en el extranjero, terminar la ayuda militar a Israel y eliminar sanciones económicas contra Cuba, Venezuela e Irán.

¿Por qué estas ideas encuentran audiencia en el país que durante décadas convirtió la palabra “socialismo” prácticamente en un anatema?

La respuesta probablemente está menos en Marx que en el costo de la vida.

Gallup encontró en 2025 que sólo 54% de los estadunidenses tenía una opinión favorable del capitalismo, mientras entre los demócratas esa proporción había caído a 42 por ciento. Pew encontró este año algo todavía más revelador: 52% de los demócratas liberales ven favorablemente a dirigentes que se identifican como socialistas democráticos.

Los socialistas democráticos podrían convertirse para el Partido Demócrata en lo que el Tea Party fue para los republicanos: una minoría ideológicamente intensa capaz de transformar el partido desde dentro mediante las primarias. Aunque el Tea Party desapareció como marca política, sus ideas, métodos y rechazo al establishment sobrevivieron y modificaron al Partido Republicano sin necesidad de crear un tercer partido.

El éxito de los socialistas democráticos no dependerá necesariamente de crear un Partido Socialista, sino de lograr que sus ideas no sean radicales y pasen a formar parte del programa demócrata. El socialismo aún enfrenta fuertes resistencias y sólo diez candidatos respaldados por DSA ganaron en distritos competitivos. Conquistar Brooklyn no equivale a ganar Michigan, Arizona o Pensilvania.

Los socialistas quizá estén todavía lejos de conquistar al Partido Demócrata. Pero han logrado posicionar la pregunta de si el capitalismo sigue funcionando para los jóvenes.