Rebelión en la granja

Bajo las siglas de Morena, están agrupados expriistas, petistas y experredistas. Todos esos grupos en choque constante. Hay demócratas, de la izquierda histórica y hasta panistas

Hay formas de ejercer el poder. La democrática, que privilegia la construcción de acuerdos o la despótica, avasalladora del diálogo, que todo lo destruye y que busca preservarse en el poder por el poder, no el bien de los ciudadanos. Esta última fue por decenios la práctica del PRI. Hoy, la reedita un movimiento de intereses en conflicto llamado Morena.

La historia de nuestro sistema político está marcada por estos episodios de la tiranía de la mayoría: lo enfrentaron la izquierda histórica; lo sabe el PAN y hasta el PRI cuando la oposición le ganó por primera vez la mayoría en la Cámara de Diputados.

Morena sigue siendo el movimiento del Presidente o quienes lo integran comienzan a sentir que su fuerza mayoritaria les permitirá fijar sus propios rumbos. Es pregunta que se explica por lo siguiente: resulta una deslealtad que los morenistas filtraran el audio del mensaje de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, en la que transmitía la preocupación de la Presidencia por las formas como se buscaba violentar los acuerdos en la rotación de la Presidencia de la Mesa Directiva en la Cámara de Diputados.

Qué implica esto, que un grupo busca evidenciar que la Presidencia quiere meter la mano en la autonomía de la bancada y al mismo tiempo enviar el mensaje de regreso de que ahí existe autogobierno, si no de todos, al menos sí de una gran porción de legisladores.

Pero sepa el lector que los hechos que menciono se suman, usted decida si se preocupa o no, y que tal vez si no le dijera el nombre del partido, usted pensaría que es el PRI.

Primero, un gobernador electo y propuesto por Morena alienta por métodos cuestionables y no suficientemente transparentes que en Baja California se aumente el mandato para el que legalmente fue votado. La Ley Bonilla, se le conoce. Claramente inconstitucional.

Segundo, en la Cámara de Diputados del Congreso federal, Morena desconocía los acuerdos basados en la norma interna y buscaba ampliar el tiempo en la Presidencia de la Mesa Directiva que ocupaba Porfirio Muñoz Ledo. El Presidente los regañó a través de Olga Sánchez, y los diputados de Mario Delgado-Marcelo Ebrard, se la regresaron filtrando el audio de la llamada.

Mario Delgado es el hombre más cercano y operador del Canciller desde que este último era jefe de Gobierno de la CDMX, y quiere ser el presidente de Morena, o al menos hasta la rebelión, pretendía. Esa cercanía comienza a ser incómoda.

Yeidckol Polevnsky, presidenta de Morena, salió a decir fuerte que si el presidente López Obrador se iba de este movimiento, ella se iba por detrás. Interesante.

Cero y van dos morenazos. El primero, la disputa en el Senado entre Martí Batres-Polevnsky y Ricardo Monreal. Hay pues rebelión, aun no sabemos si en la granja, como se solía decir.  Al final, Porfirio Muñoz Ledo, congruente con su posición, renunció a la Presidencia de la Mesa. No es morenista y no estaba para perder su prestigio por los intereses de los “ultras”.

Tercero, en Veracruz, donde el gobernador morenista ha mostrado cómo una entidad puede enfilarse a ser un estado perdido ante la delincuencia, la comisión permanente de los diputados, sin tener facultades y valiéndose de la mayoría, suspendió en sus funciones a un fiscal transexenal.

La forma como Morena se conduce con su mayoría en los congresos, incluido el federal, es expresión de su constitución. Sin duda hay gente honorable y verdaderos militantes de izquierda, pero la mayoría no. Esta última proviene de los que en los últimos momentos de la elección saltaron de sus partidos para sumarse a la ola del movimiento que se preveía mayoritario.

Bajo esas siglas están agrupados expriistas que llegaron con sus formas de ejercer el poder, los petistas, que provienen de lo más rancio del salinismo y luego los experredistas con sus tribus. Todos esos grupos en choque constante. Hay demócratas, de la izquierda histórica y hasta panistas. Y otros impresentables.

Cómo se explica todo eso, por la única forma de que lo que importa es llegar al poder y perpetuarse. Recuerde el lector dos frases: “nosotros aceptamos a todos… vénganse a Morena”. Pues ahí está el monstruo tomando conciencia de sí mismo.

Morena no es ni partido, ni de izquierda. No es la de Demetrio Vallejo, Heberto Castillo, Valentín Campa y muchos luchadores más como el mismo Cuauhtémoc Cárdenas, que aun siendo de origen priista, supo institucionalizar a la izquierda agrupada en el PMS y luego PRD.

Morena es un PRI.

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