Empresarios y las ONG frente al cambio
El cambio en el poder, pero enfáticamente las razones y motivaciones de los electores para beneficiar al líder moral de Morena, dejaron a las organizaciones de la sociedad civil en la absoluta confusión, sin asideros, pero, sobre todo, en una remarcada crisis de ...
El cambio en el poder, pero enfáticamente las razones y motivaciones de los electores para beneficiar al líder moral de Morena, dejaron a las organizaciones de la sociedad civil en la absoluta confusión, sin asideros, pero, sobre todo, en una remarcada crisis de identidad.
Lo más paradójico es que muchas ONG descubrieron que su función no estaba realmente vinculada a la realidad ciudadana y, por lo tanto, no se visibilizaba la necesidad social de su existencia.
El recorte de financiamiento a estas organizaciones por parte del gobierno federal dejó ver también la existencia de diferentes niveles entre ellas. Las que funcionaban con un amplio financiamiento gubernamental y aquéllas que hacían trabajo comunitario con escasos recursos y en zonas del país muy riesgosas por la presencia del crimen organizado.
De ninguna manera trato de demeritar el trabajo de unas y otras, sino describir el panorama que asomó en la crisis del financiamiento. Y es tan importante el trabajo, que tan sólo en el tema de los desaparecidos fueron estas pequeñas organizaciones las que nos pusieron en la perspectiva de la tragedia que vivía y sigue viviendo el país, porque las desapariciones continúan, al igual que la violencia.
En gran cantidad de estudios se demuestra que los regímenes centralistas, unipersonales, al llegar al poder, buscan desmantelar el trabajo de las ONG y socavar la libertad de expresión de la prensa. Eliminar la crítica es esencial para construir la nueva narrativa.
Este tipo de regímenes no permite poner en duda, frente a las grandes masas, su eficacia en la entrega de servicios públicos, y tratan de eliminar toda intermediación. Por eso las políticas populistas son tan agresivas contra las ONG.
Vulnerables por la falta de financiamiento, hoy las ONG deben construir una gran reflexión respecto de su papel frente al gobierno, oportunidad que no podemos dejar ir.
Ello, por una razón vital para nuestra democracia. Es la sociedad organizada la que construye ciudadanía crítica que contrapese al ejercicio del poder.
Pero también es cierto que esta coyuntura compleja será saludable para depurar a aquellas organizaciones poco serias o que sólo simulaban para obtener recursos.
Mucho tienen que aprender las grandes ONG de aquéllas que, con escasos recursos, trabajan en campos difíciles. Es de esperar que de este proceso surja una sociedad civil consolidada, seria, con verdaderos aportes en las diversas áreas en las que trabajan, pero realmente vinculadas a la sociedad.
Sin embargo, otra cosa mudó también y no está vinculada con el cambio de gobierno, sino que tiene que ver con la relación del sector empresarial con la sociedad.
En el mundo de las empresas, nacionales y extranjeras, se generó una iniciativa llamada “responsabilidad social empresarial”, que básicamente buscaba que éstas tuvieran una presencia entre las comunidades a través de la generación de iniciativas de asistencia social, clínicas, construcción de infraestructura menor, etcétera.
Entonces se generó una tendencia de negocio en la que surgieron certificaciones para estar en la tendencia de ser calificadas como “empresas socialmente responsables”.
Este concepto dejó de tener significado, al igual que el de filantropía, e hizo sumamente vulnerables las reputaciones empresariales en los regímenes populistas, puesto que era fácil acusarlas de fingir un trabajo social a cambio de la deducibilidad de impuestos.
Hoy las cosas no son como antes. Porque son los propios consumidores los que deciden con qué empresas establecen una relación comercial. Cuál es su huella de carbono, de agua, la trazabilidad de sus productos, etcétera. Si esto no es real, el consumidor abandona la marca. Pero éste será otro tema a tratar.
Lo importante es que el empresariado no ha querido explorar, quizás por el temor que le generan sus prioridades, el financiamiento de iniciativas de verdadero valor para la sociedad, como puede ser la medición de la pobreza, el delito, la generación de políticas públicas para cerrar la brecha de la desigualdad y la igualdad de género, etcétera.
La escala es bastante dispar, ciertamente, pero en sociedades más politizadas, el financiamiento empresarial de organizaciones de la sociedad civil es amplio.
Cuánto miedo habrá que perder para ver a un empresariado apostando por la sociedad, financiando, por ejemplo, un estudio serio sobre litigio estratégico. Las ONG deben hacer también lo suyo, ser más transparentes y, sin duda, rendir cuentas.
