El monstruo que no venceremos
Resulta totalmente comprensible que los jóvenes, al llegar a una edad productiva, decidan migrar a Estados Unidos.
México busca con Estados Unidos una solución a la crisis humanitaria derivada de la migración. Pero es probable que falle en el diagnóstico de la esencia de los desplazamientos y presente una propuesta que se quede corta y que levante sospechas en la administración Biden, por implicar planteamientos de corte populista.
La Cancillería mexicana está, por decir lo menos, contra dos fuegos. El primero, es el planteamiento hecho por el gobierno mexicano de exportar sus programas —como el polémico Sembrando Vida— que Estados Unidos dejó en claro que no aceptará y cualquier otra propuesta razonable, debe pasar por terminar con la corrupción y los malos gobiernos que existen en los tres países que integran el llamado triángulo centroamericano, y que son una de las causales de la expulsión.
Confrontarse con El Salvador, Guatemala y Honduras no parece una opción para México, sobre todo cuando un plan de gran calado implicaría proponer políticas públicas, mecanismos anticorrupción y la participación de la sociedad civil, algo que ni el propio lopezobradorismo acepta y que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha criticado.
Y por lo que hace a la administración Biden, habrá que ver si reedita la Alianza para la Prosperidad de Clinton en la región. Sin embargo, hay dos cosas claras de acuerdo con fuentes del Departamento de Estado, no dejará que China entre a Centroamérica y tampoco que el lopezobradorismo cree un eje populista en la región.
La crisis toma una dimensión aún más profunda cuando la miramos desde el derecho y las convenciones internacionales, que obligan a la judicatura mexicana a actuar en plena garantía de los derechos humanos, que ni los gobiernos federal y locales y otros sectores acaban por comprender.
Se diferencian con dificultad los diversos componentes en estos grandes desplazamientos: hay quienes huyen de la violencia, de la falta de empleo y de una vida digna por la corrupción, así como por los fenómenos climáticos. Hay familias, hombres, mujeres y menores viajando acompañados o solos.
México ya tiene desplazados climáticos y parece no importarle generar las condiciones para que esto se vuelva una crisis ambiental y poblacional en el futuro. La obstinación en la producción de energías sucias son las causales de los últimos desastres naturales.
Debe destacarse que a partir de 2010 la migración de personas mexicanas a Estados Unidos disminuyó de 11.7 a 10.9 millones. La razón es su envejecimiento, la consolidación democrática y el crecimiento económico, de acuerdo con una serie de estudios de Andrew Selee, Ariel G. Ruiz Soto y Dan Restrepo, publicados por el ITAM.
No obstante, la caída de la economía a partir del 2018, la violencia y los efectos de la pandemia han modificado esta tendencia, al grado que las remesas son un indicador del incremento de la migración de personas mexicanas. Esto no forma parte del mencionado estudio.
Entre las razones de estas migraciones cíclicas a EU, está el estancamiento económico, la violencia y la corrupción en los países del llamado triángulo. Selee y Ruiz documentan que el PIB per cápita de El Salvador y Guatemala es 50% menor al nuestro y en el caso de Honduras menor a una cuarta parte.
Por ello resulta totalmente comprensible que los jóvenes, al llegar a una edad productiva, decidan migrar a Estados Unidos. Además, el cambio climático ha afectado a las economías predominantemente rurales de Guatemala y Honduras, produciendo inseguridad alimentaria.
Ambos investigadores proponen que Biden apoye en la disminución de la violencia, la corrupción y la involución económica, así como crear programas de trabajo estacional.
Dan Restrepo, por su parte, hace énfasis en que el plan debe incluir necesariamente la gobernanza, porque más del 35% de la población de esos países, en 2018, dijo no confiar en las instituciones. El reto es enorme.
