Zonas de resguardo temporal no son un gasto, son una inversión

En términos de la Declaración Universal de los Derechos del Animal, todo animal tiene derecho a ser respetado y el hombre no puede atribuirse el derecho a exterminar otras especies animales o explotarlas violando su derecho a la atención, a los cuidados y a la ...

En términos de la Declaración Universal de los Derechos del Animal, todo animal tiene derecho a ser respetado y el hombre no puede atribuirse el derecho a exterminar otras especies animales o explotarlas violando su derecho a la atención, a los cuidados y a la protección, por lo que ninguna debe ser sometida a malos tratos o actos crueles.

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Lamentablemente, el ser humano ha comprometido, a gran escala y de manera global, el valor ecosistémico, la salud y la forma de vida de diversas especies, así como la disponibilidad de los recursos que necesitan para alimentarse, su capacidad para reproducirse, sus capacidades migratorias e, incluso, su estado de nacimiento y muerte, pese a que ya son varios los países, incluido el nuestro, donde el maltrato animal es penado con cárcel o con costosas multas.

En la Ciudad de México, en febrero de 2002, se publicó la Ley de Protección a los Animales del Distrito Federal, con el objeto de protegerlos y garantizar para ellos condiciones de bienestar, mediante atención, trato digno, manutención, alojamiento, desarrollo natural y salud, a fin de evitarles situaciones de maltrato, crueldad, sufrimiento y abuso, así como para asegurar la sanidad animal y la salud pública.

No obstante, el maltrato animal sigue en aumento, pues, de acuerdo con información de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México (PAOT), en los últimos cuatro años las denuncias por maltrato animal se han disparado.

En la búsqueda de soluciones para frenar las situaciones de maltrato y el sufrimiento al que son sometidos miles de animales de compañía, como son los perros y los gatos que no cuentan con un hogar, solicité al Congreso de la CDMX una serie de modificaciones a la Ley de Protección a los Animales local, a fin de crear la figura de “zona de resguardo temporal”.

Lo anterior consiste, básicamente, en la creación de espacios, a cargo de las diversas alcaldías, en los que se brinde auxilio, protección y amparo a los animales en situación de calle, hasta por 60 días naturales, mientras se determina el sitio en el que deberán permanecer hasta su adopción, ya sean refugios públicos o de particulares.

Dichas “zonas de resguardo temporal” deberán contar con el espacio suficiente para que los animales de la calle que sean rescatados se desplacen libremente y expresen el comportamiento propio de su especie, además de contar con un área que les proporcione seguridad contra la intemperie, vigilando en todo momento que el número de ejemplares resguardados no rebase el límite de capacidad de estos lugares.

En consecuencia, el personal de las alcaldías estaría obligado a realizar recorridos en su respectiva demarcación para rescatarlos de la vía pública y llevarlos a las “zonas de resguardo temporal” a su cargo, proceso en el que también las clínicas veterinarias públicas estarían obligadas a participar con acciones de esterilización y atención médica, si así se requiriera.

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Por supuesto, para lograrlo se necesitan recursos, pero ¿no son los beneficios lo suficientemente considerables para avanzar hacia una ciudad más armónica, limpia y progresista? Yo creo que sí. La salud, el cuidado del medio ambiente y el desarrollo nunca deben verse como un gasto, sino como una inversión.

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