Una presidencia al servicio de la ciudad
Asumir la presidencia del Congreso de la Ciudad de México representa, para mí, no sólo un alto honor, sino también una de las mayores responsabilidades que se pueden recibir en la vida pública. Esta distinción, otorgada por mis compañeras y compañeros legisladores, ...
Asumir la presidencia del Congreso de la Ciudad de México representa, para mí, no sólo un alto honor, sino también una de las mayores responsabilidades que se pueden recibir en la vida pública. Esta distinción, otorgada por mis compañeras y compañeros legisladores, la asumo con profunda gratitud y con un claro sentido del deber: estar a la altura de la confianza que me ha sido depositada y trabajar sin descanso por el bien de nuestra ciudad y de su gente.
La Ciudad de México es una de las capitales más vibrantes, diversas y complejas del mundo. Su población exige gobiernos sensibles, instituciones sólidas y legisladores comprometidos. Desde el Congreso, tenemos la encomienda de representar esa pluralidad, traducirla en leyes que respondan a las necesidades reales de la ciudadanía y vigilar que el ejercicio del poder se mantenga siempre en beneficio del interés público. En este contexto, ser presidente del Congreso no es un cargo de privilegio, sino un espacio de servicio.
Nuestra capital enfrenta retos importantes. La seguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones de la gente y, aunque se han logrado grandes avances, no es momento de bajar la guardia. Es nuestra responsabilidad ayudar a las autoridades y reforzar los marcos normativos para garantizar que los cuerpos de seguridad cuenten con las herramientas adecuadas, al tiempo de apoyarlos para que ejerzan su labor con pleno respeto a los derechos humanos.
Debemos colaborar también en la resolución de otros temas urgentes, como el acceso a agua potable. Ante el estrés hídrico que afecta a la Ciudad de México, como a muchas otras, es preciso legislar y coordinar esfuerzos para garantizar una gestión más eficiente del recurso, fomentar su reúso y sancionar su desperdicio.
En materia de movilidad, el transporte público requiere inversiones, modernización y, sobre todo, una perspectiva metropolitana que permita un tránsito fluido entre alcaldías. También debemos avanzar hacia una ciudad más accesible para peatones, ciclistas y personas con discapacidad. Y, por supuesto, está el tema de la vivienda. El Congreso tiene que ser parte activa y seguir promoviendo políticas públicas que fortalezcan el derecho a una vivienda digna, segura y asequible.
Además de enfrentar estos desafíos, también nos corresponde atender los temas que quedaron pendientes del primer año de ejercicio, muchos de ellos impostergables.
Durante mi gestión al frente de la Mesa Directiva, tengo el firme compromiso de encabezar una presidencia basada en el diálogo, el respeto y la apertura, pues estoy convencido de que las mejores soluciones para la ciudad no nacen del pensamiento único, sino del intercambio de ideas, de la confrontación respetuosa y de la disposición a escuchar.
Buscaré fomentar la participación de todos los sectores en la vida legislativa, promoviendo mecanismos que permitan a todas las personas incidir en las decisiones que tomamos desde el Congreso, a fin de que las y los capitalinos sean protagonistas de la transformación de esta ciudad y no simples espectadores de la política.
Mi papel será actuar con imparcialidad, asegurar el orden y el respeto dentro del pleno y generar condiciones para que este Congreso continúe como motor de cambios en la Ciudad.
Asumo este reto con energía, con pasión y con el corazón puesto en la ciudad que tanto amo. Agradezco la confianza y reitero mi compromiso de trabajar cada día por un Congreso de la Ciudad de México a la altura de las exigencias de nuestra gente, siempre listo para escuchar, construir y avanzar.
