Un llamado a la conciencia y el respeto por la vida
Los tiempos cambian y, con ellos, las sensibilidades sociales. Hoy somos más de 27 mil capitalinas y capitalinos quienes pedimos parar los actos de crueldad animal en la Ciudad de México, presentes en prácticas como las corridas de toros; y no es casualidad que la mayor ...
Los tiempos cambian y, con ellos, las sensibilidades sociales. Hoy somos más de 27 mil capitalinas y capitalinos quienes pedimos parar los actos de crueldad animal en la Ciudad de México, presentes en prácticas como las corridas de toros; y no es casualidad que la mayor oposición a la prohibición de estos espectáculos de sangre provenga de generaciones más viejas que han crecido con la idea de que esta práctica forma parte de su identidad cultural.
Para muchos, la tauromaquia no es sólo un espectáculo, es un legado que han heredado y una extensión de su historia familiar y nacional. Sin embargo, la tauromaquia no tiene fundamento legal o material que la determine como expresión cultural o costumbre ancestral endémica de la Ciudad de México. Ya he escrito en otras ocasiones sobre cómo esta práctica llegó a nuestro país heredada por los españoles.
Actualmente, el Congreso de la Ciudad de México tiene en sus manos la iniciativa ciudadana que busca acabar con la tortura animal presente en actividades como novilladas, becerradas, rejoneos, tientas, peleas de gallos y, por supuesto, corridas de toros. Pero, como ya ha pasado en ocasiones anteriores, los intereses económicos y muy particulares de algunos, mantienen la presión para evitar que la mal llamada “fiesta brava” llegue a su fin en la capital del país.
Esta vez se ha solicitado someter la iniciativa, respaldada por más de 27 mil ciudadanos, a consulta de pueblos y barrios originarios, pero sólo como una táctica dilatoria para evitar que sea sometida a votación como una prioridad, tal como está establecido en la Constitución.
Si bien podría pensarse que quienes han solicitado la consulta poseen tal derecho, la verdad es que no es así, ya que no han acreditado su pertenencia a pueblos originarios o comunidades indígenas ni tampoco han demostrado una afectación directa y objetiva a sus derechos, tal como la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya lo ha establecido. Además, debemos recordar que la tauromaquia no tiene fundamento legal o material que la determine como expresión cultural o costumbre ancestral en territorio capitalino.
Por el contrario, el fin del sufrimiento generado a los toros, becerros y novillos que se usan en las corridas de toros sí representa un avance civilizatorio para la sociedad capitalina en general. Nunca la evolución de los valores sociales hacia el respeto por la vida puede ser vista como un atentado a la identidad y el patrimonio cultural de una comunidad, puesto que no existe sociedad civilizada que vea el sufrimiento y la tortura como parte de su identidad.
La evolución de la moral y los valores debe privilegiarse sobre la nostalgia por una tradición que, en esencia, es violencia disfrazada de cualquier otra cosa. Y son las generaciones más jóvenes quienes, en su mayoría, han puesto el ejemplo mostrando un pensamiento más crítico y empático respecto al bienestar animal, la conciencia ecológica y todas las formas de vida. Hoy, los jóvenes cuestionan la normalización del sufrimiento y buscan transformar las prácticas que lo mantienen hacia otras actividades, formas de expresión y actos de entretenimiento que no impliquen crueldad.
México no es un país taurino, hay encuestas que registran que la mayoría de los mexicanos está en contra de la tauromaquia. Así, de acuerdo con datos de Parametría, por ejemplo, el 73% de la población apoya la prohibición de las corridas de toros.
El mundo avanza y nosotros con él. Es momento de sumarnos a este llamado a la conciencia y el respeto por la vida, reforzando nuestra identidad cultural sin necesidad de recurrir a la violencia contra los animales, pues el progreso no se mide sólo por avances científicos y tecnológicos, sino también por la capacidad de una sociedad de replantearse sus tradiciones en favor de un mundo más justo y mejor para todos los seres vivos.
