Un golpe muy duro a la lucha climática internacional
En un mundo interconectado, las acciones de una sola nación pueden tener repercusiones más allá de sus fronteras. Estados Unidos, como una de las economías más grandes del mundo y el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero, desempeña un papel fundamental ...
En un mundo interconectado, las acciones de una sola nación pueden tener repercusiones más allá de sus fronteras. Estados Unidos, como una de las economías más grandes del mundo y el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero, desempeña un papel fundamental en los esfuerzos internacionales para combatir el cambio climático, pero las intenciones de su recién llegado mandatario son claras: evadir cualquier responsabilidad en materia ambiental.
El Acuerdo de París, adoptado en 2015, es un marco global que busca limitar el calentamiento global a menos de 2°C, con un objetivo aspiracional de 1.5°C y la participación de Estados Unidos en él es crucial, tanto por su capacidad financiera y técnica, como por su influencia en las negociaciones internacionales.
No obstante, el presidente Trump se mantiene firme en la postura de retirar a Estados Unidos del acuerdo, lo cual no sólo socavaría el progreso logrado hasta ahora, sino que también pondría una carga desproporcionada sobre los países en desarrollo, que son quienes enfrentan las peores consecuencias del cambio climático.
Y es que ya se ha visto en el pasado. La ausencia de Estados Unidos en tratados importantes, como el Protocolo de Kioto, fue un golpe significativo para la acción climática global. Si Estados Unidos se retira ahora del Acuerdo de París, el mensaje de desinterés y falta de compromiso podría desincentivar a otras naciones y generar un efecto dominó, donde éstas también reduzcan su ambición climática o, peor aún, se nieguen igualmente a asumir responsabilidades.
Además, la falta de compromiso también podría debilitar los mecanismos de financiamiento internacional, como el Fondo Verde para el Clima, que proporciona recursos a los países en desarrollo para adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático. Esto aumentaría la brecha entre los países ricos y pobres, acentuando las desigualdades y dejando a millones de personas expuestas a los peores efectos de la crisis climática.
Cabe recordar que la nación norteamericana es responsable de aproximadamente el 14% de las emisiones globales de CO2, en cambio, los países menos desarrollados y con menos recursos, que al mismo tiempo son los que menos contribuyen al cambio climático, son los más vulnerables ante fenómenos como sequías, inundaciones y tormentas intensas. Diversas comunidades en África, Asia y América Latina lidian ya con los mayores problemas de seguridad alimentaria, migración y conflictos sociales, y la salida de Estados Unidos del acuerdo limitaría significativamente los recursos financieros disponibles para que éstas puedan hacer frente a dichos conflictos.
Este retroceso en la cooperación internacional podría resultar catastrófico, pues, con el aumento continuo de las emisiones de gases de efecto invernadero, el mundo se dirige hacia un calentamiento de entre 2.7°C y 3.0°C para finales de siglo, un escenario que traería consigo olas de calor aún más extremas, el aumento del nivel del mar y eventos climáticos más frecuentes y severos, con consecuencias innumerables.
Es crucial que Estados Unidos reconsidere el papel que desempeña tanto de emisor como de participante importante ante una de las mayores amenazas de nuestro tiempo. Sea cual sea el escenario, la cooperación global es esencial. Si bien Estados Unidos puede dar un golpe significativo tras su salida, otras naciones pueden ver en ello una ventana de oportunidad para liderar la acción climática. La Unión Europea, China y la India son algunas que ya han mostrado su compromiso con sumar a la agenda global. Recordemos que la lucha contra el cambio climático no puede depender de acciones aisladas, así como tampoco de una única nación.
