Apenas ha iniciado 2026 y en la Ciudad de México (CDMX) y el Valle de México enfrentamos un panorama más crítico en materia de contaminación ambiental en comparación con 2025. Los niveles de contaminación del aire no han dado tregua a las y los capitalinos y, de seguir así, las afectaciones a la salud y a las dinámicas sociales no se harán esperar. Por ello, es momento de tomar con mayor seriedad las medidas contra la contaminación ambiental.
El año pasado, durante la temporada de ozono que típicamente va de febrero a junio, se declaró contingencia por altos niveles de contaminación del aire en, al menos, cinco ocasiones: 26 de febrero, 18 de marzo, 1 de abril, 23 de abril y 25 de abril, con una duración estimada de entre seis y siete días totales de medidas activas, tales como restricciones a la circulación de vehículos. Sin embargo, en 2026, las condiciones climáticas en la CDMX pintan un panorama aún más preocupante, pues apenas transcurridos los primeros 49 días del año ya se ha activado la contingencia ambiental en cuatro ocasiones: 1 de enero, 8 de enero, 12 de febrero y 15 de febrero, con aproximadamente nueve días de medidas activas acumuladas.
Y es que la capital del país ha estado bajo fuertes niveles de contaminación atmosférica la mayor parte del tiempo. En el periodo comprendido entre el 1 de enero y el 18 de febrero de este año, se estima que alrededor de 40 días hemos respirado aire con calidad mala o muy mala y sólo durante tres días se registró una calidad de aire aceptable, de acuerdo con un análisis de datos ambientales.
Ante este panorama, es indispensable apostar con mayor ímpetu por políticas de movilidad sustentable y control de emisiones. Si bien la contaminación del aire depende de diversos factores, es una realidad que la alta presencia de vehículos automotores que circulan diariamente en la CDMX (y que aumenta año con año), así como el crecimiento acelerado del parque vehicular de motocicletas, representan una amenaza cada vez mayor para la calidad del aire que respiramos.
Es necesario fortalecer acciones concretas, como la reducción del uso del automóvil particular, la ampliación y modernización del transporte público, la creación de más infraestructura segura para peatones y ciclistas, la aplicación efectiva de programas de verificación vehicular y la promoción de esquemas laborales flexibles, como horarios escalonados y el trabajo a distancia, que contribuyan a disminuir la carga vehicular en horas pico.
Cabe reconocer que, desde la administración pasada, se ha mostrado un interés serio en combatir la contaminación ambiental con el impulso a esquemas de renovación del transporte público y el avance en proyectos de electromovilidad. No obstante, es preciso fortalecer de manera decidida el uso de vehículos eléctricos que, si bien tienen su propia polémica (como la contaminación que se genera a partir de la sustitución de baterías), siguen siendo una alternativa mucho más amigable para el medio ambiente frente a los motores de combustión interna.
La transición hacia un modelo de movilidad eléctrica ya no debe verse como una aspiración futura, sino como una necesidad del presente. Hoy representa una de las alternativas más eficaces para reducir emisiones contaminantes, mejorar la calidad del aire y disminuir la dependencia de los combustibles fósiles. En el Partido Verde hemos hablado de este problema desde hace décadas, proponiendo alternativas como incentivos a propietarios de vehículos híbridos y eléctricos, jornadas laborales con horarios escalonados y, al menos, un día de trabajo en casa, entre otras medidas que permiten mitigar la contaminación atmosférica, porque, aunque muchas veces no se perciba a simple vista, ésta está presente de forma permanente y sus efectos ya impactan directamente en la calidad de vida de todas y todos los que la padecemos a diario.
