Sensibilizarse sobre la importancia de proteger la naturaleza

En los últimos días, la alerta por el posible primer “episodio triple” de La Niña ha ocupado un espacio en los principales medios de comunicación de todo el mundo.Y es que la Organización Meteorológica Mundial OMM de las Naciones Unidas ONU alertó hace ...

En los últimos días, la alerta por el posible primer “episodio triple" de La Niña ha ocupado un espacio en los principales medios de comunicación de todo el mundo.

Y es que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) de las Naciones Unidas (ONU) alertó hace algunas semanas de que, por primera ocasión en este siglo, el conocido fenómeno meteorológico de La Niña, que empezó en septiembre de 2020, podría sumar tres inviernos consecutivos en el hemisferio norte (veranos para el hemisferio sur), prolongando su presencia hasta febrero de 2023, lo cual representa un impacto, tanto positivo como negativo, en el medio ambiente.

Como es conocido, el fenómeno de La Niña produce el enfriamiento del agua en la superficie del Pacífico ecuatorial, en sus partes central y oriental, generando importantes repercusiones en la temperatura global y el clima, que se ve afectado por lluvias más intensas y vientos más fuertes y, de acuerdo con la Organización Meteorológica citada, actualmente ha agravado las sequías e inundaciones en diferentes partes del mundo, como lo es el Cuerno de África, donde las personas ya sufren consecuencias desastrosas por la fuerte sequía que enfrentan.

Si bien este fenómeno no es una causa del cambio climático, pues tanto La Niña (que representa la fase fría) como El Niño (que representa la fase cálida) son manifestaciones naturales importantes en el proceso climático de la Tierra, sí tienen que ver con el mismo, pues, de acuerdo con los expertos, sus manifestaciones pueden ser más intensas y/o frecuentes por la influencia del cambio climático.

Pero no todo durante el paso de La Niña es malo, pues sus efectos de enfriamiento resultan positivos contra el calentamiento global, toda vez que la temperatura mundial se ha visto correr a un ritmo temporalmente menos acelerado con su presencia. Sin embargo, es preciso reiterar que no es ésa su función y que ese efecto temporal no es la clave contra la crisis climática.

Como humanidad, tenemos la obligación de efectuar cambios radicales en los patrones de vida y consumo, cuyos resultados sean a largo plazo y resulten positivos para el medio ambiente. Hay que entender que la presencia de fenómenos naturales y climatológicos cada vez más extremos es la forma que encuentra el planeta para pedir auxilio ante el abuso al que ha estado expuesto durante décadas.

Y aunque ni el cambio climático ni los seres humanos somos responsables de la existencia de La Niña, sí lo somos de la magnitud de los estragos que pueda ocasionar a su paso. La humanidad debe reaccionar y sensibilizarse sobre la importancia de proteger la naturaleza y el medio ambiente, pues las crisis humanitarias y sociales que hoy enfrentamos son resultado de nuestros propios actos.

Concluyo esta opinión con una parte del pensamiento de Henry David Thoreau, gran ambientalista y escritor, recordado por su estrecha relación con la ecología y la naturaleza:

“Los hombres y los jóvenes aprenden todo tipo de oficios, pero no cómo convertirse en hombres. Aprenden a levantar casas, pero no están bien alojados, no son felices en sus casas, como lo es una marmota en su hoyo. ¿De qué sirve una casa si no dispones de un planeta decente donde levantarla, si no soportas el planeta en el que está?”.

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