Seguridad: el mayor reto del desarrollo local

No permitamos que el miedo sostenga a la delincuencia.

En la vida cotidiana de una ciudad hay dinámicas que suelen pasar desapercibidas, pero que sostienen buena parte de su actividad económica, su interacción social y su resiliencia urbana. Una de ellas es la existencia de pequeños comercios: tienditas de barrio, misceláneas, papelerías, estéticas, ferreterías y changarros que no sólo representan el sustento de miles de familias, sino también son puntos de encuentro, vigilancia comunitaria y cultura barrial.

Si bien la actual administración ha hecho importantes esfuerzos por enfrentar a la delincuencia logrando resultados sin precedentes con una mayor coordinación entre los tres órdenes de gobierno, muchos de esos comercios siguen enfrentando retos en la seguridad como un fenómeno que en ocasiones los debilita mucho.

Gracias a la estrategia nacional de seguridad impulsada por el gobierno federal, el país ha logrado la disminución de 10 de 11 delitos de alto impacto, de acuerdo con cifras analizadas entre enero y febrero de 2019 y enero y febrero de 2025. Sin embargo, otros delitos como robo, extorsión, cobro de piso y amenazas siguen afectando a miles de pequeños comerciantes, especialmente en zonas alejadas donde la vigilancia es intermitente o la organización vecinal ha perdido fuerza.

No tengo duda de que la actual estrategia en materia de seguridad federal y capitalina continuará dando buenos resultados hasta resolver el problema de fondo, pero por ahora, de acuerdo con la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec), 50% de los pequeños comercios ha sido víctima de algún delito como robo hormiga, extorsión, asalto a mano armada, corrupción y cobro de piso. En su encuesta más reciente, titulada Pulso de la Tiendita de Barrio. Una radiografía desde la trastienda más de 44% de los comerciantes entrevistados señalaron a la falta de seguridad como el principal obstáculo para mantener su negocio abierto, incluso por encima del encarecimiento de productos o el bajo poder adquisitivo del consumidor.

Afortunadamente, las autoridades se han dado cuenta de que estas cifras no son sólo indicadores fríos, son relatos de personas que han tenido que adaptar sus horarios, reforzar con rejas sus puertas o cerrar su negocio en determinadas horas del día por temor a los delincuentes. Tras ser afectados, muchos comerciantes prefieren incluso no denunciar por temor a represalias, lo cual dificulta la labor de las autoridades y, en su lugar, han decidido “negociar” con la delincuencia como una forma de protección, lo cual contribuye a normalizar prácticas ilegales, debilitando a las instituciones y al tejido social.

Por eso es preciso reconocer que la inseguridad que aún afecta a algunas zonas del comercio local no es una problemática que corresponda resolver sólo a las autoridades, porque ésta tiene múltiples causas y su atención requiere una estrategia integral y sostenida que involucre a los distintos sectores de la sociedad.

No se trata sólo de solicitar la presencia policial y recuperar espacios públicos, también es precisa la participación de todas y todos para fortalecer la cultura de la denuncia. La inversión en videovigilancia e inteligencia, así como la creación de cuadrantes de seguridad y los programas de proximidad con la policía, han mostrado avances sumamente importantes, pero el reto persiste en aquellas zonas donde las autoridades siguen luchando por compensar la brecha histórica de desigualdad.

Todos los sectores de la sociedad debemos trabajar coordinadamente para consolidar un enfoque que entienda la seguridad no sólo como tarea de vigilancia, sino también como parte del derecho al desarrollo económico. Impulsar canales de colaboración entre comerciantes, autoridades, fiscalías y organizaciones vecinales está marcando una diferencia real, gracias a la labor del gobierno federal y a la del gobierno de la CDMX.

No permitamos que el miedo sostenga a la delincuencia. Para fortalecer la economía local y el tejido social, y defender la tranquilidad de quienes viven con dignidad y esfuerzo, es preciso también inculcar en el pequeño comercio la idea de su valor como un aliado estratégico en las labores de prevención.

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