Redefinir a los zoológicos

Recategorizar estos sitios como “Centros de Conservación, Reproducción y Reinserción de Vida Silvestre”

Con el paso de los años, los zoológicos han fortalecido sus funciones dando un enfoque menor al objetivo primordial de entretener al ser humano, no obstante, la imagen que predomina en el imaginario social sigue siendo la de funcionar como espacios de encierro y exhibición de fauna para la diversión, lo cual no empata con los nuevos valores del bienestar animal y, en casos específicos, provoca rechazo a estos sitios.

La historia no siempre es precisa, pero hay quienes aseguran que el primer zoológico mexicano tuvo lugar en 1890, por mandato del entonces presidente Porfirio Díaz, aunque no fue sino hasta 1924 cuando el zoológico de Chapultepec abrió oficialmente sus puertas. Considerado, en su tipo, el lugar más antiguo de México y uno de los más visitados del mundo hoy en día, desde su creación a la fecha, este zoológico y los demás que hay en el país han conservado la característica de servir al esparcimiento lúdico, no obstante que han mejorado su labor como centros de investigación de vida silvestre.

  • Lo anterior ha valido para que el término “zoológico” mantenga una connotación negativa, que para las personas representa un lugar de cautiverio y exposición, sin considerar que estos sitios poseen una amplia diversidad de especies que son estudiadas con fines de investigación, preservación y reproducción controlada.

Los tres zoológicos de la Ciudad de México, Chapultepec, San Juan de Aragón y Los Coyotes, funcionan como refugios para la fauna silvestre que se encuentra amenazada o en peligro de extinción y cuyos hábitats naturales están siendo o fueron destruidos, además de servir al rescate y la atención de ejemplares silvestres heridos o desplazados, capturados ilegalmente y decomisados, además de difundir información respecto a la importancia de conservar la diversidad y proteger la vida silvestre, pero muchas personas desconocen estas funciones.

  • De tal modo, dichos espacios no pueden seguir considerándose sitios banales de exhibición, por lo que su denominación debe ser actualizada, ya que mientras se mantenga como hasta hoy, estos lugares seguirán teniendo una connotación de entretenimiento, cautiverio y diversión, opacando su labor de investigación científica.

La cultura de bienestar animal nos ha hecho avanzar mucho como sociedad; el ser humano ha dejado el carácter depredador para establecerse como un ser más social, empático y respetuoso del entorno, y es precisamente con la intención de seguir transitando hacia una cultura de trato digno y respetuoso hacia otros seres vivos que es preciso realizar ajustes a la Ley de Protección a los Animales de la Ciudad de México, a fin de dejar atrás el nombre de “zoológico” y recategorizar estos sitios como “Centros de Conservación, Reproducción y Reinserción de Vida Silvestre”.

Lo anterior permitirá que estos lugares reflejen un enfoque más centrado en la conservación, desvinculando la idea de cautiverio, y adaptarlos a los nuevos valores del bienestar animal mediante la promoción de la educación y conciencia ambiental, permitiendo una imagen más positiva y actualizada de estas instituciones. Por ello, creo que es momento de dejar de llamarlos “zoológicos” y redefinir su función.

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