Pasemos de las buenas intenciones a la acción efectiva

La humanidad enfrenta desafíos sin precedentes que amenazan su sostenibilidad y bienestar. Cuestiones como la crisis climática y la pérdida acelerada de biodiversidad se nos han advertido desde hace décadas y se siguen discutiendo en foros globales, como la Conferencia ...

La humanidad enfrenta desafíos sin precedentes que amenazan su sostenibilidad y bienestar. Cuestiones como la crisis climática y la pérdida acelerada de biodiversidad se nos han advertido desde hace décadas y se siguen discutiendo en foros globales, como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que mañana cierra una edición más, pero sin lograr cambios profundos ni resultados fehacientes. Pero los bajos resultados no radican en la falta de buenas intenciones, sino en la ausencia de compromiso y de acción responsable.

Existe una desconexión evidente entre las intenciones y los resultados, misma que perpetúa el círculo de inacción y hace que las políticas y los acuerdos globales, como reflejo de esta dinámica, se encuentren estancados en el círculo de las buenas intenciones sin acciones concretas.

De acuerdo con investigadores del Servicio de Cambio Climático de la Unión Europea, las temperaturas alcanzadas a lo largo de este año superan los 1.5 grados que todos los países adheridos al Acuerdo de París se comprometieron a mantener. La propia Organización Meteorológica Mundial señaló, a inicios de este mes, que 2024 pinta para ser el año más caluroso nunca antes registrado.

Los efectos del calentamiento global nos están haciendo pasar por uno de los otoños más calurosos y también por estragos sin precedentes, donde las sequías amenazan la supervivencia de muchas especies y de un gran número de verduras y alimentos como el amaranto, el café y el aceite de oliva, por mencionar algunos, cuya permanencia está en riesgo debido a la falta de humedad en la tierra.

Pero la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2024 (COP29), celebrada en Bakú, Azerbaiyán, ha estancado su mérito en reunir a los líderes de todo el mundo para discutir la urgencia de tomar medidas, sin ir más allá de la concentración de buenas voluntades.

Y, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), incluso con los compromisos actuales adoptados en el marco de la cumbre, el mundo se encamina hacia un aumento de temperatura de, al menos, 2.7 grados para finales de este siglo, superando por mucho el límite acordado. La COP29, como tantas otras ediciones anteriores, se centró en debates sobre la urgencia del problema y en promesas de acción futura, pero, una vez más, dejó de lado lo más importante: la implementación. La ausencia de acuerdos vinculantes, hojas de ruta específicas y financiamiento adecuado para la transición energética en la que los países en desarrollo siguen quedando en la lista de pendientes.

Es de vital importancia cerrar la brecha y pasar de las buenas intenciones a los resultados efectivos, y es momento de exigir cambios estructurales que prioricen la resolución de los problemas del clima mediante la acción práctica. Es decir, se debe llegar al cumplimiento efectivo de los acuerdos, garantizando que éstos no sólo existan, sino que se cumplan.

Las buenas intenciones abundan en todos los niveles de la sociedad y los gobiernos, de modo que no son el problema; el verdadero desafío es la incapacidad para convertir esas intenciones en acciones efectivas.

Y es preciso no perder de vista que, si bien el enfoque está en los compromisos internacionales, el combate al cambio climático no es un asunto exclusivo de líderes mundiales; el llamado urgente es a la transformación estructural en la forma en que nos educamos, vivimos, legislamos, gestionamos políticas públicas y asumimos nuestra responsabilidad como parte del problema.

La existencia de normas sin mecanismos efectivos de cumplimiento es tan inútil como la ausencia de éstas, igual que la presencia de ideas y buenas voluntades es tan estéril como su carencia cuando no hay una implementación efectiva.

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