Los compromisos ya no son suficientes, debemos cambiarlo todo

Han pasado tres décadas desde la primera vez que el cambio climático se presentó y se adoptó como un problema de índole global, cuyo combate depende del esfuerzo conjunto de las naciones y, desde entonces, año con año, nos hemos repetido la urgencia de atender este ...

Han pasado tres décadas desde la primera vez que el cambio climático se presentó y se adoptó como un problema de índole global, cuyo combate depende del esfuerzo conjunto de las naciones y, desde entonces, año con año, nos hemos repetido la urgencia de atender este fenómeno que tanto afecta la vida en la Tierra, sin que hasta el momento hayamos alcanzado resultados importantes.

Fue en junio de 1992 cuando, en el marco de la Cumbre de la Tierra realizada en Río de Janeiro, Brasil, se adoptaron los primeros compromisos internacionales en la lucha contra el cambio climático. Fue en ese momento cuando la meta de estabilizar las emisiones de gases que se lanzan a la atmósfera, reduciendo el uso de los combustibles fósiles, se colocó en la agenda mundial.

Posteriormente, en 1995, se realizó la primera Conferencia de las Partes (COP), la famosa Cumbre anual realizada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, cuya edición 27 concluirá el día de mañana en Sharm el-Sheikh, Egipto.

Desde su creación, dicha conferencia representa la esperanza de resarcir la crisis ambiental que la propia humanidad ha generado. Lamentablemente, aun con la voluntad de los países miembro, las organizaciones y todos los participantes, los esfuerzos siguen siendo insuficientes y poco se ha pasado de la palabra a la acción.

Si bien es cierto que los compromisos adoptados en cada COP son cada vez mayores y más ambiciosos, no han logrado que la acción climática avance al mismo ritmo, pues la mayoría de las naciones no han conseguido reducir su huella de carbono de manera significativa y cada vez estamos más cerca de sobrepasar el pico máximo de emisiones.

Ni el clima tan extremo ni la pérdida de bosques y selvas ni las sequías ni la escasez de lluvia y agua ni ninguna otra manifestación del planeta para mostrar que nos hemos excedido y que el planeta no soporta más el daño y la sobreexplotación, nos han hecho entender que la vida, como la conocemos hasta ahora, no sólo es cada vez menos viable, sino que ya es insostenible. Nos depara un futuro muy hostil, pero parece que eso no importa.

¿De qué sirven entonces los compromisos? ¿Cuándo vamos a tomar el cambio climático con la seriedad que demanda? ¿Cuándo vamos a entender que ya no hay tiempo, que la palabra ya no es suficiente?

Desde mi punto de vista, el discurso global ya resulta vacío. Nos estamos jugando la continuidad de la especie humana, pero nos seguimos rehusando a dejar los privilegios y el confort, mismos que, cuando todo detone y no haya más por hacer, de cualquier manera los tendremos que abandonar porque no habrá forma de solventarlos.

El cambio climático cobra cada vez más vida y, si los compromisos adquiridos a lo largo de las 27 Conferencias de las Partes no vienen seguidos de verdaderas acciones, en pocos años habremos agotado el presupuesto de carbono y los efectos del cambio climático harán que nuestra existencia en este planeta sea cada vez más precaria y nos conduzca a la desaparición.

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Estamos a tiempo de crear una relación más sana con el medio ambiente, pero se nos está haciendo tarde para pasar del discurso y la buena voluntad a los hechos. Los compromisos ya no son suficientes, debemos cambiarlo todo.

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