Lo más importante es siempre estar ahí; ¡gracias, Lic.!

“Si no puedes volar, corre; si no puedes correr, camina; si no puedes caminar, arrástrate. Pero, hagas lo que hagas, sigue moviéndote hacia delante”. Ésta ha sido una de las lecciones nuevas que me ha inculcado un hombre de 79 años que hoy está cruzando la gran ...

“Si no puedes volar, corre; si no puedes correr, camina; si no puedes caminar, arrástrate. Pero, hagas lo que hagas, sigue moviéndote hacia delante”. Ésta ha sido una de las lecciones nuevas que me ha inculcado un hombre de 79 años que hoy está cruzando la gran “universidad del cáncer” y que, debo admitir, lo está haciendo con devoción, humildad y, sobre todo, con una gran tenacidad y amor por la vida, sin aferrarse a ella.

Ese hombre de la tercera edad me ha demostrado que el amor, la dignidad, los principios y valores son lo más importante para enseñar a los hijos para que sean personas de bien. Ha cruzado por muchos obstáculos en la vida, con altas y bajas, con amores y desencuentros, pero con una nueva noción de vida que es de admirarse. Muestra el valor de encerrarse en su propio capullo y tratar de que las acciones y reacciones externas no le afecten en su sentido de vida.

A ese abuelo de corazón noble que me enseñó la disciplina, el amor al deporte, el respeto al trabajo y, ante todo, a las personas; que demostró un sentido de justicia que siempre sostuvo y me probó con hechos que la justicia no es darle a todos lo mismo, sino darle a cada uno lo que necesita, sólo tengo que decirle: ¡gracias!

Gracias por el cariño, la compañía y el infinito amor que has dejado a lo largo de tus años en cada una de las personas que conoces.

¡Gracias por demostrarme que no hay peor desperdicio en la vida que vivir en el pasado con sentimiento de culpa! En lugar de eso, debemos mirar hacia adelante y aprovechar la vida que se nos pasa con una velocidad inimaginable.

Gracias también por tantas horas de paciencia en los entrenamientos de futbol americano, las clases de historia y los maravillosos cuentos para dormir que nos contabas, pero, sobre todo, por siempre estar ahí.

La lección más grande que he aprendido de mi consejero es, primero: tener ganas de ser padre, aprender cada día cómo llevar la mejor de las paternidades. Pero lo más importante, sin embargo, es estar ahí. Estar es enseñar a vivir, siendo un ejemplo y llenándolos de amor y cariño, así como con los límites necesarios. Enseñarles a nuestros hijos que la vida no siempre es color de rosa, pero que siempre demos lo mejor de nosotros. Porque lo que plantemos ahora, cosecharemos más tarde.

No es lo mismo ser un buen padre, que ser un padre bueno, y tú, papá, eres el mejor padre que me pudo haber tocado en esta vida.

Te amo con todo mi ser, mi querido “Lic.”.

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