Las redes de trata están aprovechándose del desempleo y la necesidad económica
Con el confinamiento, las redes de trata de personas también vieron la oportunidad de crecer.
El cierre de diversas actividades y el aislamiento social derivado de la pandemia de covid-19 ocasionaron que algunos delitos asociados a las actividades en calles y espacios públicos disminuyeran, pero, en contraste, fueron caldo de cultivo para otros, como la violencia de género y la violencia contra niños, niñas y adultos mayores, además de que ampliaron las posibilidades para todos aquellos delincuentes cuya principal herramienta son las redes sociales y las nuevas tecnologías.
Así como durante el confinamiento muchas actividades y servicios se adaptaron al uso de la tecnología y se mudaron al ciberespacio, las redes de trata de personas también vieron la oportunidad de crecer.
De acuerdo con el Informe Mundial sobre la Trata de Personas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en los primeros meses de este año la cantidad de menores víctimas de trata se triplicó, no obstante, las mujeres siguieron siendo las principales víctimas de este delito, pues se calcula que por cada 10 víctimas en el mundo, unas cinco podrían ser mujeres adultas y dos, niñas.
La UNODC señala que actualmente la “caza”, en la que el tratante persigue activamente a una víctima (normalmente mediante redes sociales), y la “pesca”, en la que los delincuentes publican anuncios de trabajo y esperan a que las víctimas potenciales respondan y caigan, son los dos tipos de estrategias más comunes.
Lo anterior ha sido reiterado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y el mismo organismo internacional Contra la Droga y el Delito, mediante un informe presentado a finales de junio de este año en el que se señala que, cada vez más, los delincuentes están usando métodos de ofertas engañosas de trabajo para enganchar a sus víctimas.
Las redes de trata están aprovechándose del desempleo y la necesidad económica de las personas para usar ese método, que ha desplazado incluso las estrategias de “enamoramiento”, que era la principal forma de atraer a mujeres y menores para abusar de ellos y explotarlos sexual y/o laboralmente.
Y, ante el contexto de incertidumbre y necesidad que atraviesa nuestro país, lo anterior resulta altamente preocupante, pues el riesgo es latente, no sólo para mujeres y menores de edad, sino para la sociedad en general, considerando que el delito de trata de personas comprende diversas formas de explotación, que van desde la sexual hasta el trabajo forzado, la extracción de órganos, la venta de menores, la mendicidad obligada e incluso el reclutamiento de niños para usarlos como soldados en el marco de la delincuencia y movimientos armados. Casi cualquier persona vulnerable está sujeta a caer en manos de un delincuente de esta categoría.
Si bien factores como la clandestinidad, la ilegalidad y el silencio que rodean a este delito hacen difícil tener información y datos precisos en torno a su incidencia, con estrategias sólidas y enfocadas en la prevención y los nuevos métodos de operación se puede evitar que más personas caigan en manos de estos delincuentes. Por nuestras niñas, niños, jóvenes y mujeres, México debe fortalecer su lucha contra la trata.
