Las decisiones de hoy determinan la viabilidad de la ciudad
En fechas recientes, los habitantes de la Ciudad de México hemos experimentando un calor más que abrumador. Se trata de las temperaturas más altas en la historia registradas en la capital del país, consecuencia de fenómenos como el cambio climático y el estilo de vida ...
En fechas recientes, los habitantes de la Ciudad de México hemos experimentando un calor más que abrumador. Se trata de las temperaturas más altas en la historia registradas en la capital del país, consecuencia de fenómenos como el cambio climático y el estilo de vida urbano.
Autoridades del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático y del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM han advertido que el presente año podría ser el más caluroso del que se tenga antecedentes y, antes de dejar este asunto en manos de la ciencia, es indispensable reflexionar sobre el papel que juega la urbanización en la intensificación de estas olas de calor y qué tanto contribuimos como sociedad a la expansión de esa mancha urbana.
El fenómeno conocido como “isla de calor urbano”, lejos de ser un simple inconveniente, es una advertencia clara del impacto ambiental que nuestra expansión y prácticas urbanas han generado. La sustitución de áreas verdes por construcciones de concreto y asfalto ha alterado dramáticamente el balance térmico de la ciudad, pues las superficies construidas absorben y retienen el calor más eficientemente que la vegetación natural que, cabe señalar, paulatinamente ha ido perdiendo extensión; ese calor es liberado durante la noche en forma de temperaturas más elevadas y prolongadas.
De acuerdo con un estudio del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (Centrus) de la Universidad Iberoamericana, del año 2000 al 2008, la capital del país perdió, al menos, 18 kilómetros cuadrados de áreas verdes, lo que equivaldría a 2 kilómetros por año durante dicho periodo.
Esta deforestación urbana que ha dado paso a cómodos y lujosos desarrollos inmobiliarios y otras construcciones es una de las causas fundamentales del incremento en la temperatura en la ciudad, mientras que la existencia de áreas verdes, como bosques, parques, jardines y otras zonas verdes, ha sido fundamental para regular la temperatura y mejorar la calidad del aire. El beneficio versus el problema es claro.
De tal modo, la importancia de incrementar el número de árboles y áreas verdes en la Ciudad de México es crucial para combatir las elevadas temperaturas urbanas, ya que desarrollan grandes funciones, como la evapotranspiración, un proceso en el que las plantas liberan agua al aire, ayudando a enfriar el ambiente.
Además, la sombra proporcionada por los árboles reduce la absorción de calor en edificios y pavimentos, disminuyendo la temperatura superficial y la temperatura del aire. Según estudios realizados por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, las áreas con cobertura arbórea pueden registrar temperaturas de hasta 12°C más bajas que en las zonas urbanas sin vegetación.
La situación actual debe ser entendida como un llamado a la acción y a entender que la Ciudad de México necesita fortalecer sus políticas para conservar las áreas naturales y verdes con las que aún cuenta, pero también para la transición a una urbanización más sostenible, con muros y techos verdes, con arquitectura inteligente que permita maximizar el uso de la luz natural y minimizar la generación de calor, con más áreas verdes caminables y menos vehículos automotores.
Es imperativo que reconozcamos que nuestro modelo de desarrollo urbano tiene consecuencias directas sobre el clima local, la contaminación del aire y la propia salud, y que las decisiones que tomemos hoy en cuanto a cómo y dónde construimos, y cómo gestionamos nuestros recursos naturales, determinarán la viabilidad de nuestra ciudad en el futuro.
