Uno de los principales desafíos que enfrentan las grandes ciudades es combatir el problema de la contaminación ambiental y, en ello, los sistemas de transporte juegan un papel fundamental. Cada auto particular que se integra a las vialidades contribuye al aumento de la congestión vehicular y el tiempo de traslado de bienes y personas, lo cual, a su vez, aumenta la acumulación de CO2, generando un fuerte impacto en el medio ambiente.
En México, hay 74 zonas metropolitanas y, según el Censo de Población y Vivienda 2020 del Inegi, concentran el 64% de la población total del país. Asimismo, hasta julio de este año se tenían registrados más de 34 millones y medio de automóviles particulares, más de 1 millón de camiones de pasajeros y cerca de 11 millones de camiones de carga. Considerando que, de acuerdo con las estimaciones, el uso de vehículos genera aproximadamente el 18% de las emisiones de CO2 a la atmósfera, podemos imaginar la dimensión del problema.
Y es que los congestionamientos viales en las principales avenidas que comunican los centros urbanos generan un deterioro de la calidad del aire y en la salud de la población. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren en nuestro país alrededor de 14 mil 700 personas a causa de enfermedades asociadas a la contaminación ambiental.
Ante esta situación, es necesario buscar alternativas de traslado de los ciudadanos que requieren movilizarse, ya sea por motivos de estudio, trabajo o simplemente por recreación. Una de las formas con las que se puede ayudar a reducir las emisiones de CO2 que emiten los autos es adoptando las distintas alternativas de la movilidad sostenible, sobre todo en urbes donde diariamente circulan millones de automóviles.
Es cierto que impulsar la movilidad sustentable en la Ciudad de México representa un gran reto, pues es cuestión de planeación y de una fuerte inversión económica, no obstante, se debe considerar que igual de grande será el beneficio para la salud de las personas y el entorno. Igualmente, es indispensable implementar medidas que motiven a los ciudadanos a dejar sus autos en casa, pero para ello es preciso ofrecer una red de transporte público eficiente, confiable y seguro, además de otras alternativas y vialidades para el uso de transporte no motorizado.
Incentivar el uso de transporte alternativo y ecológico permitirá la transformación de espacios públicos en entornos incluyentes, contribuirá a reducir los siniestros viales y los tiempos de traslado, ayudará a contrarrestar la contaminación atmosférica y a mitigar los problemas de salud derivados de la contaminación del aire, entre otros. Hoy más que nunca es necesario establecer una política integral de movilidad en la capital del país que permita vivir de forma ordenada y en armonía con el entorno, al favorecer las condiciones ambientales y el flujo social y económico.
La Ciudad de México cuenta con un gran potencial para impulsar la movilidad eléctrica e implementar el transporte sostenible. Con un poco de esfuerzo y planeación, es posible que nuestra ciudad se encuentre a la vanguardia y a la altura de las grandes ciudades europeas, donde el transporte eléctrico y el uso de otros, como la bicicleta, son los grandes aliados en la lucha contra la contaminación del aire.
