La apuesta de la CDMX por mejorar el hábitat
Entre las complejidades que condicionan el óptimo funcionamiento de una megaciudad, la capital del país enfrenta desafíos que exigen atención prioritaria, tales como los estragos de las tormentas que en minutos convierten avenidas en ríos y como el tráfico que se ...
Entre las complejidades que condicionan el óptimo funcionamiento de una megaciudad, la capital del país enfrenta desafíos que exigen atención prioritaria, tales como los estragos de las tormentas que en minutos convierten avenidas en ríos y como el tráfico que se estira durante horas, pues la Ciudad de México se mantiene en los primeros puestos de congestión vial en el mundo.
Si bien la CDMX cuenta con la red de movilidad pública más grande del país, eso la expone también a altos niveles de congestión vial. A la par, las lluvias intensas capaces de inundar vialidades completas en cuestión de minutos, ponen en jaque la movilidad en diversos puntos de la ciudad. Estas son alertas que conviven con la urgencia de corregir cuellos de botella y de fortalecer lo que ya funciona.
Cabe destacar que en los últimos meses se han puesto en marcha esfuerzos relevantes. Destaca el Plan Ambiental presentado en junio de este año, con diez ejes que ordenan prioridades en agua, aire, movilidad y territorio. Se suma el empuje a la micromovilidad mediante el Plan Ciclista 2025–2030, que plantea 300 kilómetros nuevos de ciclovías, la renovación de los 553 existentes, 50 biciestacionamientos masivos, un velódromo y la expansión del programa Ecobici hacia el sur, oriente y norte de la ciudad.
También está el C5 del Agua y la Línea *426 H2O, que quizá sean el ejemplo más potente de innovación aplicada a un dolor cotidiano. Inaugurados en diciembre pasado, el C5 del Agua es un centro de monitoreo que vigila en tiempo real la red hídrica de la CDMX, mientras que la línea telefónica *426 H2O permite que los ciudadanos reporten fugas de agua, falta de suministro y encharcamiento con mayor agilidad.
El C5 del Agua permite supervisar en tiempo real alrededor de 14 mil kilómetros de redes de agua potable y más de 700 pozos mediante telemetría y ,en conjunto con la línea *426, hace posible detectar fugas, atender reportes con mayor rapidez y decidir con datos: sectorizar, priorizar cuadrillas y optimizar presiones. La plataforma es incluso caso de referencia internacional, pues le valió a la ciudad el Premio a la Innovación Iberoamericana 2025, otorgado por la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI).
Pero, aun con los esfuerzos, los retos siguen a la vista. Las lluvias recientes exhiben la vulnerabilidad de zonas completas. La congestión vial, con picos cercanos a 45 minutos por cada 10 kilómetros en hora punta, continúa mermando la productividad y la calidad de vida de las y los capitalinos.
La buena noticia es que los mismos instrumentos que miden el problema pueden ayudar a calibrar el progreso. Si el Plan Ambiental acelera la recuperación de barrancas y ríos y el C5 del Agua reduce pérdidas por fugas, el impacto se reflejará en menos calles anegadas y mayor presión en tomas durante la temporada seca. Si el Plan Ciclista cumple sus metas y la micromovilidad gana terreno, la carga del tráfico tenderá a repartirse mejor. La clave es persistir en la ejecución y establecer planes que midan resultados.
El próximo lunes 6 de octubre se conmemora el Día Mundial del Hábitat, un recordatorio de la obligación de construir ciudades más caminables, menos dependientes del automóvil, con sistemas hídricos menos propensos a fugas, con colonias y comunidades más arboladas y con barrancas recuperadas, pues construir hábitat no es solo levantar vivienda, es desarrollar ciudades con resiliencia.
Por eso importan tanto las acciones ambientales para la calidad del aire, la protección del suelo de conservación y el impulso a las áreas verdes, como la dimensión social que permita transitar en ciudades caminables, reducir la congestión vial e innovar en infraestructura para un ecosistema urbano más justo y habitable. Porque el hábitat representa mucho más que garantizar lo necesario para vivir, es apostar a lo funcional para el desarrollo de comunidades y entornos saludables.
