IA y bienestar animal: la importancia de innovar para avanzar

Si bien es cierto que en ocasiones hablar sobre inteligencia artificial (IA) conduce a temores, polémicas o incertidumbre, también es preciso reconocer que se trata de una herramienta que abre la puerta a mejorar la vida, incluso en espacios tan cercanos y afectivos como el cuidado de los animales. 

Hoy en día, el desarrollo de herramientas basadas en IA para el bienestar animal es una tendencia tecnológica y también una señal de hacia dónde puede orientarse la innovación cuando tiene un propósito claro. El caso reciente de aplicaciones como Buffy, que buscan “interpretar” la salud de perros y gatos a partir de datos, comportamiento o señales físicas, es apenas una muestra de un fenómeno más amplio. En distintas partes del mundo, la inteligencia artificial ya está transformando la manera en que entendemos y cuidamos a los animales.

 Por ejemplo, existen plataformas que permiten monitorear en tiempo real la actividad de las mascotas, detectar cambios inusuales en su comportamiento y generar alertas tempranas sobre posibles enfermedades. Estos sistemas analizan patrones de movimiento, alimentación o descanso para identificar riesgos antes de que se vuelvan evidentes. 

 En otros casos, startups han desarrollado herramientas capaces de traducir comportamientos animales en información comprensible para los humanos, con niveles de precisión cada vez más altos; incluso, hay dispositivos que pueden detectar enfermedades en etapas tempranas con tasas de acierto cercanas a 90 o 95%, lo que cambia radicalmente el enfoque de reaccionar a prevenir.

Pero la innovación no se limita al hogar. En países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y en otras partes de Europa ya hay clínicas veterinarias que usan la inteligencia artificial para analizar imágenes médicas, interpretar datos clínicos y asistir en diagnósticos complejos, mejorando la precisión y reduciendo tiempos de atención e, incluso, sistemas de aprendizaje automático que permiten diseñar tratamientos personalizados según la raza, edad o estilo de vida de cada animal, abriendo la puerta a una medicina veterinaria mucho más precisa. 

Lo interesante de todo esto no es sólo la tecnología en sí, sino lo que revela sobre nuestras prioridades como sociedad. Durante años, gran parte del discurso sobre la IA ha girado en torno a su capacidad para automatizar procesos, sustituir tareas o generar contenido; pero su uso en casos como éstos muestran otra posibilidad: bienestar, empatía y calidad de vida también para nuestros animales de compañía.

En un país como el nuestro, y particularmente en ciudades como la CDMX, donde el acceso a servicios veterinarios puede ser desigual y donde muchas decisiones de cuidado dependen más de la intuición que de la información, herramientas de este tipo podrían tener un impacto significativo no sólo en los hogares, sino también en refugios, campañas de salud pública o incluso en la gestión de animales en situación de calle.

Como en toda transformación, por supuesto que existen retos de acceso, costos, regulación, privacidad de datos y la necesidad de no sustituir el criterio profesional por la tecnología, pues ésta por sí sola no resuelve los problemas estructurales, pero sí puede ser una herramienta poderosa cuando se integra con una visión más amplia.

Quizá ahí está una de las lecciones más relevantes en medio del debate sobre inteligencia artificial: no todo gira en torno a lo que la tecnología puede hacer, sino a lo que decidimos hacer con ella. Lo innegable es que estamos frente a una transformación silenciosa, pero profunda.

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