Hacia un esparcimiento verdaderamente saludable

La publicidad tiene un poder profundo y muchas veces subestimado en la formación de los hábitos de consumo. A través de mensajes repetitivos, imágenes atractivas y asociaciones emocionales, moldea percepciones y preferencias, incluso desde edades muy tempranas. Y es ...

La publicidad tiene un poder profundo y muchas veces subestimado en la formación de los hábitos de consumo. A través de mensajes repetitivos, imágenes atractivas y asociaciones emocionales, moldea percepciones y preferencias, incluso desde edades muy tempranas.

Y es que, más allá de enfocarse en informar sobre un producto o servicio, los esquemas publicitarios se han centrado en crear necesidades donde antes no las había, convierten el consumo en símbolo de estatus o pertenencia y vinculan a las marcas con experiencias positivas, como la felicidad, el éxito o la diversión.

En ese sentido, no es casual que muchos de los gustos alimentarios o elecciones de bebida de las personas estén más influenciados por la industria publicitaria que por criterios de salud o nutrición, ante lo cual resulta urgente replantear el tipo de publicidad que se permite en espacios públicos de gran alcance, como eventos deportivos y espectáculos masivos.

La presencia constante de anuncios de bebidas alcohólicas, azucaradas y alimentos ultraprocesados en esos entornos no es casual, pues se trata de estrategias diseñadas para asociar estos productos con experiencias de éxito, alegría, celebración y, en el caso del deporte, incluso con la salud.

Pero resulta irónico que, mientras los deportistas son símbolo de vitalidad y bienestar físico, muchos de los productos que los patrocinan son generadores de enfermedades como obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión o problemas cardiovasculares. Esta contradicción entre el mensaje explícito del deporte y el implícito de la publicidad crea una peligrosa normalización del consumo de productos dañinos, especialmente entre niños y jóvenes. La propia Organización Mundial de la Salud ha advertido reiteradamente sobre el impacto de la promoción comercial en los patrones de consumo, especialmente en grupos vulnerables. Y si bien es cierto que como consumidores tenemos la responsabilidad de ser más conscientes respecto a lo que comemos y consumimos, y en el caso de las niñas, niños y adolescentes es fundamental establecer límites más firmes. Es necesario evitar que la influencia de la publicidad penetre en su mente, convirtiendo en hábito el consumo de alimentos y bebidas que no favorecen su salud.

Por ello, el Partido Verde, en el Congreso de la Ciudad de México, ha impulsado reformas a la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos y a la Ley de Publicidad Exterior locales, con el objetivo de regular la difusión de publicidad de bebidas alcohólicas, azucaradas y alimentos que no favorecen la salud en espacios donde se realizan eventos deportivos y espectáculos públicos. Además, ha propuesto modificaciones a la Ley General de Salud para restringir la publicidad exterior que promueva el consumo de bebidas alcohólicas, tanto al interior como en las inmediaciones de estadios, recintos y demás instalaciones que alberguen eventos deportivos de carácter nacional e internacional.

Regular desde el ámbito legislativo la promoción de productos que perjudican la salud es una forma de proteger el derecho de las personas a tomar decisiones informadas y libres de presiones comerciales y, ante todo, de responsabilidad con el sano desarrollo de niñas, niños y adolescentes. Además, abona a generar beneficios sociales en materia de calidad de vida, así como la reducción de enfermedades prevenibles y gastos en el sistema de salud.

Así como en su momento se avanzó en la regulación de la publicidad del tabaco, el desafío sigue siendo cuidar la salud pública. Hagamos que los escenarios deportivos y los espectáculos públicos se conviertan en verdaderos espacios de esparcimiento saludable y libres de publicidad engañosa.

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