¡Hablemos de ciberseguridad!

La seguridad en el campo cibernético no puede esperar.

La tecnología y la innovación llegaron a la vida de las personas para hacerla más fácil, para optimizar procesos en aspectos sociales, productivos y laborales, para experimentar nuevas formas de interactuar, gestionar y aprovechar la información y las plataformas de difusión, entre muchas otras cuestiones. No obstante, como todo en la vida, su uso representa riesgos y, hoy en día, son varios los países que están tomando precauciones ante el posible impacto de herramientas como ChatGPT.

ChatGPT es una poderosa herramienta desarrollada con base en inteligencia artificial, que cuenta con más de 175 millones de parámetros y grandes cantidades de texto, gracias a los cuales es capaz de realizar todo tipo de tareas basadas en texto y lenguaje, como puede ser la traducción o generación de información, mantener conversaciones y responder a casi toda clase de preguntas.

Si bien sus funciones son sorprendentes y pueden ser de gran utilidad en la vida cotidiana, su apertura a la sociedad en general alertó a países como Italia, que bloqueó rotundamente su entrada al país.

En días recientes, el gobierno italiano se pronunció por los riesgos que representa la herramienta de inteligencia artificial e informó que no permitirá su uso por considerar que recopila datos de los usuarios de forma ilegal, además de que carece de filtros para garantizar un uso seguro a los menores de edad y, en concreto, por no respetar la ley de protección de datos de los consumidores de la nación italiana.

Pero Italia no es el único país que se ha mostrado con reservas ante el uso del chatbot, pues se le han sumado España, que también considera su prohibición, así como Francia, China y Estados Unidos, que han expuesto la necesidad de regular el uso de los programas basados en inteligencia artificial, tanto por cuestiones de seguridad nacional como para evitar contenidos que vayan en contra de los valores de los gobiernos en turno y la seguridad de sus ciudadanos.

Y es que cada vez es más común que las plataformas digitales sean utilizadas como medio de ataque o nicho para la ciberdelincuencia, ya sea contra aparatos de gobierno, instituciones gubernamentales, organizaciones, movimientos, empresas privadas e individuos en general. Al respecto, países como Estados Unidos han puesto en marcha estrategias para la ciberseguridad, no sólo ante la presencia de ChatGPT; recientemente, el presidente Joe Biden lanzó la Estrategia Nacional de Ciberseguridad, que será coordinada por la Oficina del director nacional de Cibernética del país norteamericano.

La estrategia de ciberseguridad del gobierno norteamericano busca blindar al país ante más casos de ciberataques, así como garantizar a sus ciudadanos navegar en un ecosistema digital seguro, mediante la mejora de la seguridad cibernética en el gobierno, la protección de las empresas de infraestructura, la promoción de la seguridad cibernética en el país y el fomento de la cooperación internacional en la lucha contra las amenazas cibernéticas.

Lamentablemente, en México vamos atrasados, pues nuestro país no cuenta siquiera con una legislación clara en materia de ciberseguridad; lamentablemente, todos los proyectos que se han presentado en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República no han logrado convertirse en ley, pese a que de 2019 a 2021 nuestro país bajó 19 escalones en el Índice de Ciberseguridad Nacional.

La seguridad en el campo cibernético es un tema que no puede esperar, no sólo porque el cibercrimen es la actividad ilícita más lucrativa después del narcotráfico en nuestro país, sino también porque, en un mundo donde la tecnología está presente en todos los aspectos de la vida, no ponerse al día representa resignarse a vivir en el peligro.

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