En bienestar animal, mientras unos avanzan, otros retroceden

Los primeros días de este 2024 pusieron en evidencia dos cuestiones contrastantes en materia de bienestar animal que resultan importante analizar, pues, mientras por un lado Corea del Sur dio un salto importante hacia el cambio de conciencia, en la Ciudad de México dimos ...

Los primeros días de este 2024 pusieron en evidencia dos cuestiones contrastantes en materia de bienestar animal que resultan importante analizar, pues, mientras por un lado Corea del Sur dio un salto importante hacia el cambio de conciencia, en la Ciudad de México dimos un paso hacia atrás en materia de trato digno y respetuoso hacia los animales.

Y es que, como se anunció a inicios de diciembre pasado, en este año regresarán los actos taurinos a la Plaza México tras el levantamiento de la suspensión de las corridas de toros en la capital del país resuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, golpeando así la esperanza de los defensores de los animales que seguimos luchando para poner fin a la crueldad presente.

Pero, ¿por qué vale la pena hablar de Corea del Sur? Cabe mencionar que, si bien la nación asiática no destaca precisamente por su responsabilidad en cuidado del medio ambiente y ecosistemas, ya que su transición de las prácticas rurales a las industriales, a lo largo de su historia, así como el rápido crecimiento urbano y tecnológico que ha alcanzado, lo han llevado a estar entre los países de la OCDE con peor calidad ambiental, en fechas recientes dio muestra de su apertura al cambio de conciencia, pese a que ello implique abandonar prácticas y costumbres “ancestrales”, como el consumo de carne de caninos.

En fechas recientes, el Parlamento de Corea del Sur aprobó poner fin a la cría, matanza, distribución y venta de carne de perro para consumo humano, estableciendo su prohibición a partir de 2027, pese a la existencia de centenares de restaurantes que ofrecen platillos con carne de perro en sus menús y centenas más de criaderos de estos animales para consumo.

 La práctica tradicional, hasta entonces avalada sólo por miembros de la población de mayor edad, no tiene la aceptación de los surcoreanos más jóvenes y algunos otros veteranos que perciben a los canes como seres dignos de afecto y respeto, debido a la creciente evolución de conciencia en bienestar y protección animal que va en aumento a nivel mundial.

 Tal como pasó en la Ciudad de México, desde que el tema de poner fin a las corridas de toros se puso sobre la mesa en pos de avanzar hacia el trato digno y respetuoso a los animales, se argumentó sobre el impacto económico, social y laboral que representa terminar con la mencionada práctica surcoreana, pues cientos de personas aún dependen de los ingresos derivados de esa actividad, ante lo cual, el gobierno de Corea del Sur incluyó en la propuesta un plan de apoyo con subsidios para que, quienes dependen de la actividad, puedan transitar hacia otras actividades económicas en un periodo de tres años, previo a la entrada en vigor de la nueva norma.

 De modo que, si una de las civilizaciones más antiguas y con prácticas culturales fuertemente arraigadas, como lo es la nación asiática, ha sido ejemplo de evolución, la Ciudad de México puede serlo también, sólo es cuestión de voluntad, apertura y un proyecto bien estructurado que permita evitar afectaciones a quienes dependen de las actividades relacionadas con la tauromaquia.

La capital de nuestro país es reconocida ante los ojos del mundo como una ciudad vanguardista, cosmopolita, desarrollada, cada vez más consciente del cuidado al medio ambiente y la protección a los seres vivos no humanos, a la cual, la suspensión de las corridas de toros le había anotado un importante triunfo en el avance al bienestar animal, mismo que este año será desvanecido por la negativa al abandono de una práctica sustentada en un pensamiento y una tradición casi obsoletos.

Por eso afirmo que, mientras unos avanzan, otros retrocedemos.

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