El nuevo estilo de vida “nómada” comienza a hacer ruido

Uno de los aspectos más interesantes que se acentuó a raíz de la nueva normalidad son las nuevas formas de organización en el trabajo. Cada vez es más común conocer gente que trabaja vía remota, lejos de su país de origen y de su centro de trabajo, con la ...

Uno de los aspectos más interesantes que se acentuó a raíz de la nueva normalidad son las nuevas formas de organización en el trabajo. Cada vez es más común conocer gente que trabaja vía remota, lejos de su país de origen y de su centro de trabajo, con la oportunidad de combinar su labor con un estilo de vida que les permite viajar libremente por el mundo y nutrirse de nuevas culturas, sin permanecer anclados a un sitio específico. Es lo que hoy conocemos como un “nómada digital", gente que, aprovechando las bondades de la tecnología, se mueve por el mundo en búsqueda de destinos atractivos, ricos en cultura, naturaleza y climas cálidos, para conocer y experimentar la vida en ellos, sin necesitar mucho más que una computadora o dispositivo con conexión a internet para realizar su actividad laboral.

Pero ello representa también nuevos riesgos para la calidad y el costo de vida en las ciudades y destinos donde se alojan estos nómadas digitales. Desde hace mucho tiempo, la Ciudad de México ha sido punto de entrada para un gran número de turistas, cuya presencia se ha agudizado con el auge del turismo digital.

Recientemente, el Gobierno de la Ciudad de México, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y la plataforma Airbnb hicieron un acuerdo para promover el “turismo creativo”, aprovechando la alta presencia de trabajadores digitales en nuestro país; un proyecto con semejanzas al que comenzó a promoverse en Costa Rica el año pasado.

Y es que, entre julio y agosto de 2021, en el país centroamericano se presentó la Ley para atraer trabajadores y prestadores remotos de servicios de carácter internacional, cuya finalidad es, tanto la reactivación del turismo como la reactivación económica general del país, luego de los efectos negativos de la pandemia.

Aunque se trata de un proyecto nuevo, sus esfuerzos por aprovechar las ventajas y adaptarse a las demandas del contexto actual son innegables. No obstante, ha sido criticado debido a la falta de lineamientos claros y herramientas para su óptima aplicación, por ejemplo, para fiscalizar las rentas por actividades con sede en otro país y para atender el crecimiento y la planificación territorial ante un posible aumento en la demanda de vivienda; asimismo, los privilegios migratorios que concede a extranjeros de ingresos altos, como la exoneración de impuestos, han generado la molestia de los nacionales, para quienes representa una competencia desleal. Tomo como ejemplo el caso de Costa Rica, porque es preciso recordar que todo proyecto cuya finalidad sea atraer la derrama y el crecimiento económico a un lugar, debe garantizar, a su vez, el bienestar y la calidad de vida de sus habitantes, y evitar que el fenómeno de la gentrificación recaiga sobre ellos, con costos de vida y vivienda más elevados a los que pueden pagar.

Para cualquier europeo o estadunidense es fácil gozar de calidad de vida en países menos desarrollados, con un ingreso percibido en una moneda cuyo valor es considerablemente más elevado que la del país de estadía, por lo que un alza en el costo de las rentas, los precios de vivienda, alimentación y servicios no le representa el mayor problema; pero para los habitantes locales sí representa el riesgo de enfrentarse a un costo de vida que se vuelva inaccesible, lo cual sería un verdadero error.

Arropar la llegada de los nómadas digitales y aprovecharla para alentar el crecimiento económico es válido y una oportunidad, el reto está en lograr el objetivo sin perjudicar el desarrollo y las oportunidades de vida de los habitantes originarios. El gobierno costarricense dio un paso adelante llevando el proyecto a ley, lo cual no es descabellado, pero pudo ser más ambicioso al considerar que podría tratarse de un fenómeno que, más que una tendencia, sea un nuevo estilo de vida que llegó para quedarse.

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