El desafío de reconstruir nuestras calles
Los baches y socavones se han convertido en parte del paisaje urbano de muchas ciudades en nuestro país, pero lejos de ser una simple incomodidad, representan un problema serio que afecta a millones de personas en distintos aspectos de la vida diaria. Con cada temporada de ...
Los baches y socavones se han convertido en parte del paisaje urbano de muchas ciudades en nuestro país, pero lejos de ser una simple incomodidad, representan un problema serio que afecta a millones de personas en distintos aspectos de la vida diaria.
Con cada temporada de lluvias, el pavimento cede, se agrieta y se hunde y, lo que podría parecer un detalle menor, se transforma en una amenaza real para la movilidad, la seguridad y la economía de los ciudadanos, pues no se trata únicamente de asfalto dañado, sino de una condición que marca la forma en que nos desplazamos, el costo de mantener un vehículo, la calidad del transporte público y hasta el ánimo con el que enfrentamos la rutina.
Y es que, en los últimos años, la cantidad de baches ha aumentado de manera considerable. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (Ensu), elaborada por el Inegi, confirma que más de 80% de la población en el país identifica los baches como una de las principales problemáticas de su comunidad, por encima incluso de otros factores como la inseguridad en parques o el mal alumbrado público.
El asfalto se degrada rápidamente y, al no recibir atención oportuna, pequeñas grietas se convierten en hoyos profundos y éstos, a su vez, en socavones que llegan a poner en riesgo vidas humanas. El problema ha dejado de ser anecdótico y se ha vuelto estructural, con impactos que trascienden el ámbito vial.
Las consecuencias son palpables. Cientos de automovilistas han tenido que realizar un gasto adicional anual de varios miles de pesos por daños relacionados con baches: llantas reventadas, rines doblados y suspensiones desajustadas. Para las motocicletas y bicicletas, la situación es aún más peligrosa, pues una maniobra equivocada puede derivar en accidentes graves. El transporte público también lo resiente, ya que las unidades circulan en condiciones extremas, deteriorándose con rapidez y reduciendo la calidad del servicio. Los peatones, sobre todo adultos mayores y personas con movilidad limitada, deben sortear calles rotas y banquetas inestables, con el riesgo de sufrir caídas.
Si bien ésta es una situación generalizada, en el Estado de México ha alcanzado niveles alarmantes. Los reportes ciudadanos en municipios como Ecatepec, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla o Naucalpan, evidencian que el deterioro del pavimento ya no se limita a zonas aisladas, sino que afecta avenidas completas y colonias enteras.
En lo que respecta a la Ciudad de México, en lo que va del año se han registrado 153 socavones, 37 en vías primarias y 116 en vías secundarias, escenario tras el cual la titular del gobierno capitalino, Clara Brugada, puso en marcha el Plan Integral de Mantenimiento de la Carpeta Asfáltica, cuyo objetivo es reparar mil 250 kilómetros de vías primarias. Antes, entre 2021 y 2022, nuestra hoy presidenta Claudia Sheinbaum ya había puesto en marcha esfuerzos similares, con la reparación de 69 vialidades principales durante su gestión como jefa de Gobierno.
La clave de esquemas como ésos, por supuesto, está en la constancia y la calidad de los trabajos, pues tapar un bache no debe ser una medida temporal que se repita cada temporada, sino una acción sólida y planeada que asegure durabilidad y eficiencia en el gasto público. El programa se está consolidando como una política pública de largo plazo y con capacidad de replicarse a nivel nacional, lo que seguramente resolverá un problema añejo dejando claro que las ciudades pueden ser espacios dignos, seguros y eficientes, donde la vida cotidiana transcurra sin el obstáculo constante de un pavimento dañado.
Con programas serios y sostenidos, como los implementados en la Ciudad de México, el camino puede volver a ser, literalmente, más seguro y más transitable para todos.
