Después de la embestida, levantarse para reconstruirse mejor

Hoy, Acapulco vive el peor de sus momentos en al menos 70 años, pues el huracán Otis ha dejado a su paso un nivel de destrucción que la ciudad no había enfrentado desde antes de desarrollarse como uno de los destinos turísticos predilectos de México. Su clima y ...

Hoy, Acapulco vive el peor de sus momentos en al menos 70 años, pues el huracán Otis ha dejado a su paso un nivel de destrucción que la ciudad no había enfrentado desde antes de desarrollarse como uno de los destinos turísticos predilectos de México. Su clima y ubicación geográfica, hace de éste un blanco perfecto del ataque de fenómenos climáticos como ciclones, tormentas tropicales y huracanes, pero ninguno tan devastador como el reciente.

En octubre de 1997, Paulina golpeó con fuerza a comunidades guerrerenses y, principalmente, a la bahía de Acapulco, dejando graves afectaciones en infraestructura, vías de comunicación y en servicios de electricidad y telecomunicaciones, así como un saldo estimado de 300 personas fallecidas. Antes de Otis, este huracán categoría 4 en la escala Saffir-Simpson había sido el más agresivo.

Casi 16 años después, en septiembre de 2013, la tormenta tropical Manuel sorprendió a la ciudad costera con varios días de fuertes lluvias e inundaciones que dejaron importantes afectaciones y cientos de viviendas, prácticamente, sepultadas bajo el agua.

Aunque aún es muy pronto para calcular los daños generados por Otis, las imágenes de la ciudad, con centenares de viviendas, complejos turísticos, comercios y edificios diversos que quedaron en ruinas; así como las condiciones en que se encuentran las personas damnificadas, muchas todavía sin acceso a los servicios más básicos, como agua, techo y comida, permiten anticipar la dimensión del golpe.

La necesidad de fortalecer los planes de prevención y los protocolos de protección civil, no sólo en esa región costera, sino también en todas las del país, resulta, más que evidente, imperante. Años de historia de embate a las zonas costeras de México nos han demostrado que nuestro país no está preparado para enfrentar la intensidad de los fenómenos climáticos que, derivado del aumento de la temperatura en el planeta y los efectos del cambio climático, seguirán manifestándose cada vez más agresivos.

Si bien es cierto que es imposible predecir el nivel de devastación que generará un fenómeno de la naturaleza en un territorio, también es una realidad que, entre más preparado se esté para recibirlo y más efectivos sean los planes de acción, menores pérdidas humanas y materiales puede haber.

Acapulco es una ciudad que ha dado mucho a los mexicanos, no sólo por ser uno de los lugares de los que, me atrevo a asegurar, casi todos guardamos algún buen recuerdo, sino lo es también por su aporte a la economía del país, pues, aunque actualmente hay otros destinos como Cancún y la Riviera Maya, por mencionar algunas zonas tropicales que le compiten, desde su consolidación como destino internacional la ciudad costera guerrerense ha tenido importantes aportes al Producto Interno Bruto mexicano.

De acuerdo con datos del estudio Turismo y medio ambiente: el caso de Acapulco, de El Colegio de México (Juan Manuel Ramírez Sáiz, 1987), en su apogeo, este destino turístico llegó a aportar más divisas que cualquier otro, con el 42% de un total de 101 mil 433 millones de pesos en 1979, que superaron, incluso, las divisas captadas por petróleo en dicho año.

De tal modo que es momento de sumar esfuerzos por la recuperación de este destino que deberá arrancar prácticamente desde cero y donde, hoy, la prioridad es apoyar a la población con alimento, agua y refugio, pero donde, después, el gran reto será la reconstrucción de viviendas, escuelas, instituciones de salud y comercio, la reactivación de los servicios turísticos y caminos. Es decir, se espera una amplia tarea a la que todas y todos los mexicanos podemos aportar desde nuestras posibilidades.

Lo único que queda después de una embestida es la obligación de levantarse para reconstruirse mejor, por eso, toda mi solidaridad, hoy y siempre, con la gente de Guerrero y, particularmente, con la de Acapulco.

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