Una ciudad que empieza a moverse de otra manera, requiere nuevas reglas para convivir

Jesús Sesma Suárez
Avenida México
Moverse por la Ciudad de México siempre ha sido un reto. Quizás no podría ser de otra manera en una metrópoli que, junto con los municipios que conforman la Zona Metropolitana del Valle de México, concentra a más de 21.5 millones de habitantes, que salen todos los días de casa para ir a trabajar, estudiar, hacer compras o simplemente realizar sus actividades cotidianas, utilizando diversos medios para trasladarse.
Si bien durante décadas, hablar de movilidad en la capital era hablar principalmente del auto, el Metro, los microbuses, taxis y autobuses, hoy el espectro es mucho más diverso: se han sumado bicicletas, motocicletas, bicicletas eléctricas, scooters, vehículos eléctricos personales y sistemas como el Cablebús.
Existen señales de que la manera de movernos en la capital del país está cambiando. El sistema ECOBICI reportó este año más de 185 mil membresías activas y una flota de 9 mil 308 bicicletas. Tan sólo en las alcaldías Cuauhtémoc, Benito Juárez y Miguel Hidalgo se realizan en promedio 50 mil viajes diarios.
Por otra parte, el Cablebús registró entre enero y agosto más de 30.5 millones de viajes, mientras otros sistemas públicos de transporte de la ciudad como el Metro, el Metrobús, el Trolebús, RTP, el Tren Ligero y ECOBICI concentraron alrededor de mil 348 millones de viajes, en conjunto, en el mismo periodo.
Y aquí aparece una de las grandes contradicciones de la movilidad en la CDMX, pues pensaríamos que la presencia de nuevas alternativas de transporte podría dejar el automóvil atrás, sin embargo, según datos de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad, cada año se incorporan alrededor de 120 mil vehículos a la Ciudad de México y su zona metropolitana, donde diariamente circulan unos 5.5 millones de autos.
Las cifras dejan claro que la solución de una ciudad con tales dimensiones de movilidad, difícilmente estará en un solo medio de transporte y que el gran reto es lograr que todos puedan convivir de forma armónica y segura.
Precisamente esta semana, el Congreso de la Ciudad de México aprobó reformas al Código Fiscal capitalino para incorporar al control vehicular a los llamados Vehículos Motorizados Eléctricos Personales, los VEMEPE, categoría en la que se encuentran distintos vehículos eléctricos personales que han ganado espacio en nuestras calles. La modificación establece cuotas de control vehicular y contempla su conducción dentro de las licencias A1 y A2.
Puede parecer simplemente un nuevo trámite, pero el tema va mucho más allá de placas, registros o licencias. Significa reconocer que las calles cambiaron y que vehículos que hace algunos años tenían una presencia marginal hoy forman parte de la movilidad cotidiana.
Algo similar ocurre con las motocicletas. Su creciente presencia, impulsada también por actividades como los servicios de entrega, ha generado nuevos desafíos. La propia autoridad ha tenido que establecer licencias específicas, certificaciones y programas de capacitación para sus conductores, mientras continúa la preocupación por la gran cantidad de siniestros viales en los que participan motociclistas.
Por eso regular importa, pues si la ciudad empieza a moverse de otra manera, esa transformación trae consigo la tarea de construir una nueva cultura vial, una donde quien conduce un automóvil entienda que no transita solo; quien utiliza una motocicleta o scooter respete las reglas; quien circula en bicicleta pueda hacerlo con seguridad y responsabilidad, pero, sobre todo, una donde recordemos que el peatón sigue siendo la parte más vulnerable dentro de la movilidad urbana.
Porque el verdadero reto ya no es encontrar nuevas formas para llegar más rápido, sino aprender a compartir el mismo espacio para que todos podamos llegar seguros.