México-Estados Unidos: matrimonio en crisis

La relación bilateral entre México y Estados Unidos se ha definido frecuentemente como un “matrimonio por conveniencia’’. Una unión forzada por la historia, la inamovible frontera y una integración comercial progresiva que hace la idea del “divorcio” como algo inconcebible.

El concepto proviene del famoso libro de Sidney Weintraub: A Marriage of Convenience: Relations Between Mexico and the United States. Publicado originalmente en 1990 por la editorial de la Universidad de Oxford, éste concepto desmitificó, en su momento, la retórica oficial del “buen vecino” y la amistad incondicional. 

El economista estadunidense califica las relaciones bilaterales como una “unión de conveniencia” porque ambos países se necesitan mutuamente, a pesar de arrastrar un historial de malentendidos, resentimientos históricos por parte de México y actitudes de soberbia o ignorancia por parte de Estados Unidos.

Por décadas, el “matrimonio” prosperó a pesar de un entorno cada vez más demandante y explosivo. Sin embargo, desde el regreso de Trump 2.0 a la Casa Blanca en 2025, el panorama se ha tornado más áspero para México poniendo al “matrimonio” en un estado de crisis permanente. 

La semana pasada, con una pieza oratoria estridente y rotunda, el presidente Trump afirmó en su discurso estelar ante la Asamblea General de la ONU que México es el “epicentro de la violencia de los cárteles” y que el gobierno debe retomar el control de su territorio del narcotráfico.

Calificándolos como enemigos de la humanidad, Trump hizo referencia a los cárteles mexicanos de las drogas, a los que desde 2025 ha designado como organizaciones terroristas, aunque aseguró que el gobierno de la presidenta Sheinbaum también busca acabar con ellos.

Como era de esperarse, en un “matrimonio” que se encuentra pasando momentos delicados, la presidenta Sheinbaum reviró con ironía: “Yo podría decir: ‘Es muy difícil vivir junto a un país que tiene un nivel tan alto de consumo de drogas’, o podría decir: ‘Es muy difícil vivir junto a un país que tiene tanta producción de armas’, pero no lo voy a decir, no lo voy a decir porque tenemos buena relación con el presidente, también con el gobierno de Estados Unidos”.

La soberanía se ha convertido en la “manzana de la discordia”. Ante la insistencia mexicana de tomar decisiones propias, Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en México, señalo con jiribilla: “México debe defender su soberanía, manteniendo al margen el intervencionismo externo, pero esto también debe defenderse de la intervención del narcotráfico”. 

En la misma dirección, para Larry Rubin, presidente la American Society of Mexico (AmSoc), la seguridad pública es un tema que el gobierno mexicano ha trabajado con éxito. Sin embargo, todavía falta mayor colaboración. Lo que se quiere es que a los políticos que estén involucrados en el narcotráfico se les lleve a justicia. Todo lo contrario de lo que ha sucedido con Rubén Rocha y el aún senador Insulza.

BALANCE

Como en todo “matrimonio”, las desavenencias y desacuerdos forman parte del bagaje histórico que se va cargando. Estados Unidos no quitarán el dedo del renglón. La posibilidad de “operaciónes conjuntas” en la lucha contra los cárteles seguirá en la agenda. Los discursos duros y directos, llegaron para quedarse.

Del otro lado, en las vísperas de las elecciones federales de 2027, la Presidenta y su movimiento seguirán explotando la “mina de oro” que representa el discurso hipernacionalista. La insistencia en los riesgos de la injerencia, el intervencionismo y la violación a la  territorialidad será el “caballito de batalla” de la campaña electoral. En tanto, el “matrimonio de conveniencia” seguirá en plena crisis. Más vale hacerse a la idea.

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