Avancemos en favor del bienestar animal, sin temor al cambio
Avancemos en favor del bienestar animal, sin temor al cambio
La lucha creciente contra el maltrato animal y por la defensa de todos los seres vivos ha hecho que gobiernos de diversas partes del mundo reflexionen y tomen cartas en el asunto, a fin de regular y, en los casos que así ha sido necesario, dejar atrás prácticas que limitan el bienestar de los animales. México no es la excepción y la capital del país es ejemplo de ello.
En mayo de este año se aprobaron en el Congreso local algunas adecuaciones a la Ley de Protección a los Animales, mismas que fueron analizadas por el jefe de Gobierno, tal como lo marca la Constitución, quien realizó algunas observaciones, las cuales fueron avaladas hace unos días en la respectiva Comisión del órgano legislativo.
A raíz de ello, algunos grupos de comerciantes y vendedores de animales en mercados públicos se manifestaron pidiendo echar atrás los avances recientemente alcanzados, argumentando que atentan contra su fuente de ingresos, lo que guarda similitud con lo que ha pasado en otros países.
Pero, antes de pasar a ver lo que ha sucedido en otras partes del mundo, lo primero que hay que decir es que la venta de animales en mercados públicos no se prohibió con estas reformas. Esa prohibición ya existía desde hace muchos años, pero la venta se sigue llevando a cabo porque los comerciantes se amparan en otras normas que también se encuentran vigentes, y lo único que se hizo fue llevarla a otros sitios similares que no cuentan con las instalaciones adecuadas.
En Francia, por ejemplo, se retiró uno de los mercados más antiguos y característicos de su capital, París, dedicado al comercio de aves; así, el mercado de pájaros y peces de los domingos, ubicado a unas calles de la catedral de Notre Dame, en 2021 dejó de operar de forma definitiva el comercio de animales, por instrucción del gobierno local.
También en 2021, la capital de Colombia, Bogotá, prohibió la venta de aves y de animales en todas las plazas de mercado, por las mismas razones que en el caso de la capital francesa: en esos espacios había animales viviendo en condiciones inadecuadas e insalubres, además de fomentar la cría y la captura ilegal de especies silvestres, así como el comercio ilegal de las mismas.
En ambos casos, hubo reacciones por parte de grupos detractores: vendedores y algunas otras personas relacionadas con ellos argumentaron que los animales recibían los cuidados necesarios y la actividad comercial se realizaba de forma responsable, dejando de lado el meollo del asunto, que era el bienestar animal y no si los animales se encontraban en buenas condiciones, aunque, cabe señalar, se comprobó la existencia de irregularidades en el trato y manejo de las especies, así como la presencia de comercio ilegal.
De manera que, sin menospreciar el punto de vista de quienes se oponen a dejar atrás la venta de animales en tianguis y en la vía pública, hay que reflexionar que no existe bienestar animal cuando se actúa contra la naturaleza de un ser vivo, que es desarrollarse libremente en su respectivo hábitat, y que no hay trato digno cuando a una especie, como en el caso de las aves, se les condena a vivir enjauladas, pues su naturaleza es volar libremente y migrar de un lado a otro.
Si el ser humano hubiera tenido temor a cambiar de los sistemas agrarios a los industriales o de transitar de métodos análogos a digitales, viviríamos bajo un tremendo atraso; los grandes avances que han permitido al ser humano alcanzar mejores condiciones de vida han surgido a partir del cambio. En conclusión, no debemos temer al cambio de conciencia y de ciertas prácticas para avanzar en una mejor ruta.
Por supuesto, igual que en otros países, será preciso apoyar a los comerciantes que se vean afectados al mudar de actividad, de modo que el diálogo para la formulación de alternativas y estrategias se encuentra abierto y ojalá, asimismo, se genere apertura y voluntad por parte de quienes hoy se resisten al cambio.
