Alejar a la infancia de los actos taurinos, es alejarlos de la violencia
Si bien el maltrato animal no es una práctica exclusiva de las personas adultas agresoras, sí es la antesala hacia el desarrollo de diferentes formas y expresiones de violencia. Existe una afirmación del psicólogo estadunidense Randall Lockwood, quien, desde la ...
Si bien el maltrato animal no es una práctica exclusiva de las personas adultas agresoras, sí es la antesala hacia el desarrollo de diferentes formas y expresiones de violencia.
Existe una afirmación del psicólogo estadunidense Randall Lockwood, quien, desde la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad contra los Animales (ASPCA) y la Humane Society of the United States, ha hecho grandes aportes en torno a ciertas características del comportamiento humano que guardan relación con el maltrato animal, la cual señala que “no todo individuo que haya maltratado animales acabará siendo un asesino en serie, pero casi todos los asesinos en serie cometieron actos de crueldad con animales”.
Y es que, de acuerdo con diversas investigaciones de organizaciones y reportes del departamento de Justicia de Estados Unidos, los asesinos en serie frecuentemente comienzan torturando y matando animales. Ted Bundy, quien abusó y asesinó a varias jóvenes en diferentes ciudades de EU, mutiló perros y gatos cuando era niño; Albert DeSalvo, el Estrangulador de Boston, encerraba perros y gatos en cajas de madera para después atacarlos con un arco y una flecha; John Wayne Gacy, quien asesinó a 33 hombres y niños en su casa en Chicago, tenía el antecedente de torturar aves lanzándoles globos llenos de gasolina para después prenderles fuego; uno de los más recientes, Nikolas Cruz, de apenas 19 años en 2018, cuando cometió la masacre en la que 17 personas perdieron la vida en la Marjory Stoneman Douglas High School, en Florida, solía dispararle a las ardillas y agredir a otros animales cuando era niño.
De acuerdo con los expedientes, en muchos casos, los asesinos sádicos han empleado en sus víctimas una versión de los mismos métodos aplicados con los animales. Tan es así, que desde hace muchos años los criminólogos han advertido sobre el vínculo entre el maltrato animal y la violencia humana. El propio Buró Federal de Investigaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos (FBI) en 2016 incorporó “la crueldad animal” como una nueva categoría para la elaboración de los perfiles de asesinos en serie, delito que es rastreado junto con los de homicidio, violación, robo y agresión con agravantes.
En la mayoría de los casos, todas esas personalidades violentas se hicieron presentes desde la infancia y es que, desde muy temprana edad, los niños tienen sus primeros acercamientos con los animales por medio de imágenes, una mascota o diversos lugares en que pueden conocerlos y, dependiendo de su relación con ellos, será el desarrollo de su personalidad.
Un niño en cuya formación está presente el maltrato animal, como aquellos llevados por sus padres a los eventos taurinos y otros en los que se tortura a los seres sintientes, terminará siendo un adulto con huellas de violencia en su imaginario, tal como lo señalaron los investigadores Stephen Kellert y Alan Felthous (1985): “Un niño que crece rodeado de agresión contra cualquier ser vivo tiene más probabilidad de violar, abusar o matar a humanos cuando sea adulto”.
De modo que, sin importar que alguien no esté de acuerdo, tanto desde una postura personal como desde mi encargo como legislador en el Congreso de la Ciudad de México, seguiré respaldando toda iniciativa, propuesta y proyecto que contribuya a terminar con la crueldad animal, lo cual incluye proteger a la infancia de la violencia tan evidente que existe en los eventos taurinos. Estoy convencido de que, para lograr un verdadero cambio, es preciso acercar a los niños a otras formas de expresión e interacción que no sean aquellas en las que un ser vivo o el entorno salgan lastimados.
